martes, 20 de enero de 2015

De los míos


Si eres de los que no miden las palabras, de los que tienen alma en lugar de calculadora, de los que nunca atienden al parte meteorológico, eres de los míos.

Si consideras el derecho a temblar, al estar junto a otra persona, como algo fundamental, eres de los míos.

Si eres de los que piensas que el único tiempo digno es cuando la vida quema, eres de los míos.

Eres de los míos si alguna vez has huido, sin aún conservas esa inercia particular en la mirada, si te cuesta parar de correr.

Eres de los míos si tienes miedo y, aún así, no te importa abrir la puerta para ver que hay al otro lado.

Si nunca preguntas cuánto durará la tormenta porque lo único que quieres es mojarte, eres de los míos.

Eres de los míos si te duele el dolor de tus amigos como propio, e incluso las justas lágrimas del desconocido te conmueven.

Eres de los míos si el único amo que reconoces es el suelo bajo tus pies.

Si eres implacable con el fuerte y comprensivo con el débil, eres de los míos.

Eres de los míos si limpias tus zapatos cada día, porque sabes que es la única forma digna de andar sobre calles demasiado sucias.

Eres de los míos si te juegas la piel por otros, sin esperar nada a cambio, tan sólo quizás el abrazo agradecido del que necesita ayuda.

Si insultas a la tele, golpeas la mesa, alzas la voz, ríes sin contención, escupes a la cara del rico, mantienes la mirada al hombre con placa, eres de los míos.

Eres de los míos si consideras un tiempo precioso el que se destina a mirar a otros ojos durante horas.

Eres de los míos si los insulsos detalles del absurdo cotidiano, una vez puestos bajo el microscopio de la curiosidad, te parecen historias con las que emocionarte.

Si entiendes que la felicidad no es una obligación y que a veces el dolor se agarra a las entrañas, eres de los míos.

Porque, al fin y al cabo, qué sentido tiene todo esto sino el reconocerse en los demás, el buscar tus aliados, compañeros, héroes, el no esperar sentado y solo, sino levantarse y caminar a tu lado.