viernes, 19 de septiembre de 2014

Dexedrinas XVI



El único motivo por el que ya no llevamos cadenas es porque hemos olvidado la necesidad de escapar.
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La indolencia es el arte de ser implacable con el entusiasmo.
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El técnico que reparaba lavadoras sentía cierta aflicción al ver a su pequeño hijo ser centrifugado por una de las atracciones en la feria.
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Las bolsas transportaban como perros lazarillos a los compradores atolondrados.
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Un fragmento de película -apenas un parpadeo- otorgó la inmortalidad a un instante de su vida.
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Aquel videojuego, anunciado como uno de los más realistas de la historia, despertó grandes expectativas. Los jugadores acabaron por darle la espalda: pasar sentado ocho horas en la oficina no resultaba atractivo para nadie.
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Un reloj sin manecillas pedía limosna en la esquina.
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Las bombillas carecen de barreras idiomáticas: hablan todas en lenguaje binario.
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El portero mira con cierta envidia los partidos de baloncesto.
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La superioridad moral es la droga de los fanáticos.
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Un conductor del metro deprimido contó a su psiquiatra que necesitaba elegir su propio camino.
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El alpinismo de los pulmones son las montañas de cigarrillos en el cenicero.
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La striper echaba unas horas en aquella tienda de ropa. Pidió el puesto de control en los probadores.
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El dibujante de cómic siempre fantasea con montarse un trío con una fotógrafa y una escritora.