miércoles, 9 de abril de 2014

Escribir




1. Escribir sin buscar el artificio, el giro sorprendente, los fuegos artificiales creativos. No mentir nunca al lector con triquiñuelas.

2. Escribir sobre las vidas de la gente normal, perdedores, excluidos, derrotados. Sobre las víctimas del brillo insondable del triunfo.

3. Escribir desde la contradicción irresoluble. No hay deus ex machina capaz de solventar la sentencia inapelable de la realidad.

4. Escribir desde la honradez personal de lo conocido. No del ego de una vida propia intrascendente, sino de lo común de esa intrascendencia.

5. Escribir desde el barro para el barro. La condescendencia es propia del burgués gentilhombre que sentencia desde la ética caritativa.

6. Escribir aceptando que hay gente que gana y gente que pierde. El idealismo que dulcifica los dientes rotos es una droga infame.

7. Escribir desde el estómago, el único órgano que de verdad tiene algo que decir en un proceso creativo.

8. Escribir sabiendo tu función, posición y privilegio. Quien se convierte en objeto de consumo escribiendo no es un escritor, es una vedette.

9. Escribir si tienes algo que realmente merezca la pena ser contado: las cosas que nunca se cuentan y quedan en el olvido.

10. Escribir sin esperar el aplauso, ni el reconocimiento, ni la recompensa. Pero aún así hacerlo, cada día, sin descanso.

(Esto no es un catecismo, una código normativo, un amago de manifiesto. Es un deseo, un mapa personal, algo a lo que agarrarse cuando las fuerzas flaquean y el lápiz se quiebra).