viernes, 4 de abril de 2014

El telegrafista del Titanic.

André Kertesz

El telegrafista del Titanic; un astronauta orbitando por la cara oculta de la Luna; un avezado lector europeo en una biblioteca china; el mudo justo antes de presenciar un atropello; un farero en la noche de tormenta; la prostituta en el West End victoriano, Jack mediante; un mimo ante turistas ciegos; el actor teatral ante un auditorio hostil; el Cabaret Voltaire a los ojos del Kaiser; la torre de control en un día de niebla; el radar ante el avión espía; ese dato esencial que se queda en la garganta del agonizante; la pista que el detective pasa por alto; el campesino ante la misa en Latín; el texto en braille tocado por manos inexpertas; una guitarra sin cuerdas; la máquina de escribir sin folio; el proyecto SETI; un náufrago, sin ni siquiera botella; el vendedor de enciclopedias a domicilio; la carta con dirección incorrecta, sin remitente; un merodeador de rastros tras la copiosa nevada; la teniente Ripley, al final de la película; el voayeur que vive en un sótano interior; el poeta millonario; la pizarra de Einstein ante el indocto; la hormiga sin antenas; una bola de cristal rota por la medium que ha perdido el don; el humorista deprimido; un VHS ante los campos magnéticos; la soprano afónica; la bengala de emergencia con la pólvora mojada; un disco de vinilo en los noventa; el explorador que se adentró demasiado en África; el bolígrafo con la tinta seca; los satélites ante la tormenta solar; el sextante un día nublado; el preso en la celda de castigo; la frase de despedida que se pierde ante el silbido del tren; el arpa ante la pezuña; un contestador automático de una empresa desaparecida; el semáforo para el daltónico; la radio entre montañas; la máquina Enigma sin Alan Turing; una obra inédita que arde; el mensaje escrito con limón que nadie puso al calor; el ruido del árbol que cae en el bosque desierto; la frustración del poseído ante su xenoglosia; el robot marciano que se queda sin baterías; las almenaras que no arden; el cuerno partido en la batalla.

Efectivamente, tenía un serio problema de comunicación.