martes, 13 de agosto de 2013

Dexedrinas XIII

Deux ou trois choses que je sais d´elle, Godard, 1967


En las despedidas, después de sus efímeros encuentros, había todo un código por descifrar en la forma que tenía de recogerse el pelo.
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La plancha es la cirugía estética del textil.
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Los adoquines, en agosto, permanencen libres de humillaciones.
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El cinismo es la cueva del hipócrita, el refugio del desnortado, un disfraz que hace la cobardía gallarda y la ignorancia virtud.
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Liaba los cigarrillos con displicencia; fumaba por despecho.
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Era sargento de artillería; incluso al hablar.
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Los arquitectos con afición a la poesía construyen versos en exceso estructurados.
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La banca tiene por obligación escribir su código deontológico en un idioma desconocido.
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Era una teleoperadora sindicada; vio claramente la similitud entre el cable del teléfono y el látigo de galeras.
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La mano que tapa el bostezo es el abanico de la pereza.
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La palabra cucurucho se escapó de una feria ruidosa y ajetreada.
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La música del orgasmo fue interpretada por una salamandra que tocaba el piano en las pestañas de una mujer.
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Los mitos fundacionales son el blockbuster de la épica.
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El hombre prehistórico con perspectivas sabía que tenía todo el tiempo del mundo por delante.
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Los calamares sienten verdadero terror por los pintores aficionados a la pesca.
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Es raro que Matilde no lleve acento.
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Era un niño muy persistente; consiguió sobrevivir a su adultez.
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Los caníbales siempre reservaban una silla de menos en el restaurante.
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Era erotómano y filatélico; se cuidaba de que sus sellos procedieran de correspondencia femenina.
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Un obrero observador anticipó la crisis antes que nadie; había déficit de ancianos en las vallas.