jueves, 26 de diciembre de 2013

Flametti o el dandismo de los pobres de Hugo Ball


Flametti o el dandismo de los pobres.
Hugo Ball
Editorial Berenice
Traducción de Fernando González Viñas
Córdoba, 2013
9788415441236
18€

"¿No! Tampoco ellos eran capaces de generar calor y entusiasmo que trajesen consigo invitaciones a cerveza a vino y champán, a carreras en coches, aventuras y a decidir el destino. ¿Donde radicaba el misterioso poder de atracción de los Flametti? Más de uno se quebraba la cabeza pensando en ello"

"¿Aplicado? Era algo que él despreciaba. El verdadero artista duerme por la mañana hasta alrededor de las once. Cuando se ha trabajado hasta la madrugada, a menudo en los números más difíciles, no puede uno volver a estar levantado al amanecer."

"¿Ensayos? ¡Por supuesto! Pero con medida y propósito. No tiene ningún sentido quitarle a la gente el placer del trabajo, atosigarlos con ensayos que desfallezcan. Lo que importa es la inspiración y no los ensayos. El que no la tiene en su interior tampoco va a lograrla aunque ensaye veinte veces ¡Esto no es la mili! Los artistas no son máquinas de repetir ejercicios. Y si hay que ensayar, por lo menos que no haya demasiada puntualidad. La puntualidad es asunto del diablo. Todo radica en el pulso, en la espontaneidad."

"El talento, la voz y la figura podían tener algo que decir sólo si el personaje que había detrás tenía algo que decir."

"Había que tener un destino para resultar interesante para la compañía de Flametti. El destino traía consigo lo polifacético, la sorpresa, la actitud, el espíritu. Sus componentes debían saber moverse. Tenían que haber visto mundo; tenían que estar versados. El refinamiento no era lo que buscaba: detrás de él no había gran cosa. Los que nacen artistas son gente desclasada, personajes excluidos. Hay que haber estado oprimido para llegar a ser artista."

"Cárceles, escándalos, lupanares y deserciones no suponían un impedimento. Los artistas proceden de otro mundo, no son ciudadanos corrientes. Los artistas nacen de la opresión. Donde no hay defectos no hay personas."

"El colorido, la magia y el exotismo sólo pueden nacer de la desesperación."


sábado, 30 de noviembre de 2013

Ofensa es lo que es ofensivo

Fotografía de Daido Moriyama
Nos ofenden los dedos marrones del banquero, la nube de moscas que se desplazan al paso del olor del noble, el zumbido del fluorescente en la oficina un lunes por la mañana. Nos ofende el olor a ajo seco de la sotana del cura y el descascarillado infame en la talla de los pies de ese Cristo que nos mira piadoso mientras que nuestra abuela, ya muerta, enciende unas velas por la salud de la familia. Nos ofende el aroma de tu colonia, ejecutivo de mierda, cuando subimos en el ascensor inteligente contigo. Nos ofende el bramido de los estadios pero también de los círculos sociales en torno a la alta cultura, escritores sebosos tocando el culo a señoras que han ido a por una copa de vino español. España ofende a España. Nos ofenden el yogur helado, los pendientes de perlas y ese torpe depilado capilar púbico en una noche de bodas que predestina un auténtico fracaso matrimonial. Nos ofenden las fábulas del telediario y su mierda de información meteorológica. Nos ofende que en Teruel haga nueve grados bajo cero. Nos ofende imaginarle viendo el ciclismo mientras que su mujer le limpia las babas con un trapito orensano; ambos saben que en el fondo su mentira es la mentira de este puto país de muertos en cunetas y buitres con escopetas. Nos ofende tu uniforme, y tu porra y tu pistola. Nos ofende, profundamente, tu apelación de caballero. No hemos visto un caballo, madero demente, en nuestra vida. Nos ofende que no salga vapor de las alcantarillas y las ratas, presurosas, corran a sus despachos cuando oyen lo menos ofensivo que oímos en el aire, que respiramos en nuestra vida. El rumor, primero, luego grito, de mil gargantas que acercan para decirte cual es la única salida.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Tratado de navegación del absurdo cotidiano (Prólogo de un libro que nunca existió)



Los prólogos son un invento de los editores miedicas. Alguien, en algún momento, pensó que el texto que iba a lanzar a la calle no era suficientemente bueno, o bien demasiado farragoso, o por contra, aunque excelente, de un autor desconocido. En estos casos ese escrito necesitaba un empujón, una explicación, el abrazo de un padrino, incluso, en las peores situaciones, una disculpa previa.

O todo lo anterior o lo siguiente: que lo que tienen delante, queridos lectores, sea una obra con una intrahistoria tan alucinante que merece ser contada, que funciona, o puede funcionar, como narración aparte del propio texto. Y sí, es el caso del Tratado de navegación del absurdo cotidiano.

Esta idea surge en distintos encuentros a plena luz del día pero con un matiz claramente conspirativo. Fueron las llamadas Sesiones de prestidigitación, unas reuniones en las que, con un camuflaje de comida o café, se tramaba este artefacto de combate social, literario y vital. Se exponían ideas inconfesables delante de camareros que servían gazpacho, al lado de mesas muy cercanas (los trabajadores carecemos de espacios, incluso en los restaurantes) hasta que el silencio, y las miradas reprobatorias, surgían en los casuales compañeros de festín.

Vivimos en una realidad dolorosa, un mundo punitivo, una cotidianeidad hiriente. No es broma, no es una metáfora (las metáforas, aunque es posible que aquí encuentren unas pocas, son de cobardes), es un sentimiento que brota a diario: levantarse ya cansa.

Podríamos, a grandes rasgos, distinguir 3 vertientes por las que el calendario sangra a cada hoja que cae.

1.- El Guión está ahí afuera y es todo. Hablamos de lo que comunmente se denomina actualidad, la sucesión de cosas que pretenden dar cuerpo a cada día en sociedad. Los grandes acontecimientos que afectan a su vida aunque usted, hubo una época (no sé haga el sueco, recuerde, querido lector) en el que hacía como si todo eso diera igual. La realidad es que su hijo vaya a un colegio atestado y carente de medios, que a su madre le cuesten caras esas medicinas que toma o que a pesar de todo lo que estudió, ahora realice un trabajo subcualificado, o peor, siquiera pueda acceder a él. La realidad es que con la crisis que le ahoga al principio tuvo que prescindir de aquel viaje, luego, cada mes, lo empezó a tener jodido para pagar la letra de la hipoteca o el alquiler. La realidad es que la crisis, un acto de terrorismo financiero, una consecuencia de la orgía alocada de la banca, al final le alcanzó a usted y a su vida. Pero, ¿y antes de la crisis?, ¿se acuerda cuando las cosas parecían funcionar? Bien, aquello también era realidad, y era una realidad hiriente. El proyecto de cama, trabajo televisión, la engañifa de la carrera profesional, la propuesta de trabajar mucho para luego seguir trabajando como consumidores en ese aberrante concepto llamado Ocio, todo eso, era también parte de la Realidad, y nosotros, y usted, que se dispone a aferrarse a este libro, lo consideramos odioso y condenable. Está muy mal que nos quiten lo poco que teníamos, y que alcanzamos luchando, o mejor, que alcanzamos con la lucha de una parte de esta sociedad, la más consecuente, mientras que otros, también afectados, estaban en el sofá viendo de Médico de Familia. Pero además, también estaba mal que usted se deslomara y perdiera eso tan precioso llamado vida, por la insulsa promesa de poder tener aquel coche tan grande. Ahora no tiene coche, ni trabajo, y quizá ni dignidad. Ve, no mereció la pena. Y todo esto (en este tratado huiremos del escapismo, de las metáforas y el neolenguaje posmoderno y chachi) se llama capitalismo, o mejor, puto capitalismo. Un sistema falaz, injusto y suicida, y lo peor, en su época de decadencia, totalmente senil e idiotizado. Esta es la realidad, vamos montados en un tren que se dirige al abismo. Los tipos que van en los vagones de primera clase se lo están pasando genial, usted, que va en el vagón de carga (por un tiempo fue en clase turista) está apiñado con otros tropecientos mil infelices, y lo pasa algo peor. La cuestión no es si ellos, los cabrones de primera, descorchan champán a cada segundo, si lo merecen (la respuesta es clara, por supuesto que no), o que hacer para abandonar el vagón de carga y volver a turista, y quizá, con mucha suerte, pasar de mamporrero al de primera (si ha comprado este libro, olvídese, usted nunca será un triunfador), la cuestión, que respondemos de una puta vez, es que el tren va a toda velocidad hacia un abismo muy profundo y nadie parece darse cuenta de ello.

2.- Los Actores. Alguien protagoniza esta realidad, y eso es importante, porque sabemos entonces a quién lanzar los tomates. Hay malas películas, guiones pésimos, que incluso pueden salvarse por la interpretación de los actores. Nosotros vemos una película (usted ve, a lo sumo observa, quédese con esto, raramente participa) en la que el guión está escrito por un mono borracho y los actores son de una telecomedia burda y ridícula que no hace gracia. Siempre ha habido malos y miserables, pero en otras épocas eran temibles, tenían una demencia grandilocuente casi admirable e incluso vestían bien. Ahora son una pandilla de enclenques, con una afición desmedida por lo hortera y el mal gusto. ¿Cree de verdad que Mario Draghi da miedo, un tipo cuya máxima aventura fue mandar una carta a los 25 años con un sello de valor menor al establecido? ¿O piensa que Esperanza Aguirre, una presidenta perfectamente sustituible por una presentadora de magazine matutino, es una gran pensadora? ¿Está seguro de que Flavio Briatore es un modelo de vida y elegancia, alguien que viste blaziers azules de botón dorado y sólo puede ligar en base a su billetera? Vale, tienen un gigantesco cuerpo de hombres armados que les protegen, pero qué es todo eso comparado a la mala hostia de una chica joven, cabreada y extremadamente inteligente. La tragedia no es que los malos dirijan nuestras vidas, convirtiéndolas en una jodida tragedia, lo realmente exasperante es que sean estos malos.

3.- El Público. Ya hemos insistido, como mosquitos insidiosos una plácida noche de verano, varias veces en los puntos anteriores, pero permítannos que lo hagamos una vez más. Ustedes, nosotros, somos sólo espectadores en esta gigantesca telecomedia absurda. De la misma forma que el público aplaude, nosotros trabajamos, de la misma forma que el público es esencial en cualquier representación, nosotros lo somos en este ridículo pésimamente guionizado. Y eso nos molesta. Posiblemente sea lo que más nos moleste de todo. No es entendible ni admisible que mientras le dan de tortas usted sonría, que cave de buena gana la tumba en la que se entierra a diario, que sea capaz de defender al impresentable que le escupe en la calva. Bueno, quizá usted, querido lector, que lee estas lineas, no lo haga, no le guste, le repugne profundamente, y por eso, sólo por eso, ha accedido a comprar este libro.

Por estas razones el calendario sangra, por estas razones, y otras muchas más, nos decidimos a escribir este Manual contra el absurdo cotidiano. Aunque en principio no era esa la idea.

Pensamos, viendo el caudal de subversión que teníamos entre manos, en utilizarlo como elemento de chantaje político emocional. Pensamos en dirigirnos a tres estamentos claramente representativos del mundo en el que vivimos: La Iglesia, Goldman Sachs y El Corte Inglés. El primero por representar la moralidad más absurda, hiriente y primitiva, un entramado lucrativo montado en base a unas fábulas para camelleros de hace 2000 años. Ya duran demasiado. El segundo por ser la agencia de terrorismo financiero internacional más visible, la SPECTRA de nuestras vidas, nuestro Sauron, el Imperio Galáctico de la gomina y los tirantes, los tíos que parten el bacalao. El tercero porque representa la España desarrollista, el sueño del obrero medio, porque odiamos su hilo musical y lo apelmazado de sus propuestas estéticas, detestamos su olor a naftalina. Nos dirigimos a ellos con la esperanza de que cundiera el temor entre sus filas, que este manual les hiciera bajar los brazos antes del combate, imaginamos a sus ejércitos tirar las armas, derrotados ante este alarde de verdad escrita. O en su defecto esperamos que nos ofrecieran una cantidad pornográfica de dinero por no publicarlo, por mantener este manual en una cripta muy oscura y profunda debajo del Vaticano (El Corte Inglés se ofreció a guardarlo en sus sótanos secretos, pero ganaron los curas que tienen más tradición). ¿Vendernos? No esperen tan poco de nosotros, por supuesto pensábamos publicarlo de todas formas.

Y nada de eso ocurrió, ni se rieron de nosotros, ni se dignaron a recibirnos. Lo máximo que alcanzamos fue a ver la cara de estupefacción de una pobre dependienta de la sección de lencería femenina del Centro Comercial, que nos sonreía nerviosa mientras avisaba a seguridad.

Dimos con nuestros huesos en el duro asfalto, pero nuestros principios y nuestras ideas continuaban frescos, intactos, como recién planchados.

Entonces nos pusimos a escribirlo.

Sí, efectivamente, mientras que desarrollamos este prólogo nada de lo que aquí se habla ha ocurrido. No hay una sola página escrita, una sola idea sustantivada. A medida que el cursor avanza por delante de nuestros ojos pensamos en lo que vamos a hacer, en la maravillosa aventura que tenemos por delante.

El arte expresa el sueño de la misma forma que el sueño expresa la realidad, habitualmente, mejor que ella misma.

Porque de eso va este viaje. Un libro para intentar manejar la bastardada absurda que surge cuando la tele se enciende, el sonido de murmullo histérico que llega hasta los oídos. Una guía para saber qué hacer, un compendio de trucos ninja para salir airoso de su despido, de la insidiosa manía de su marido por las vacaciones en el Caribe, de la fatídica programación de la radiofórmula. Este libro son las cartas en la manga que siempre necesitó en aquel preciso momento.




martes, 13 de agosto de 2013

Dexedrinas XIII

Deux ou trois choses que je sais d´elle, Godard, 1967


En las despedidas, después de sus efímeros encuentros, había todo un código por descifrar en la forma que tenía de recogerse el pelo.
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La plancha es la cirugía estética del textil.
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Los adoquines, en agosto, permanencen libres de humillaciones.
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El cinismo es la cueva del hipócrita, el refugio del desnortado, un disfraz que hace la cobardía gallarda y la ignorancia virtud.
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Liaba los cigarrillos con displicencia; fumaba por despecho.
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Era sargento de artillería; incluso al hablar.
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Los arquitectos con afición a la poesía construyen versos en exceso estructurados.
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La banca tiene por obligación escribir su código deontológico en un idioma desconocido.
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Era una teleoperadora sindicada; vio claramente la similitud entre el cable del teléfono y el látigo de galeras.
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La mano que tapa el bostezo es el abanico de la pereza.
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La palabra cucurucho se escapó de una feria ruidosa y ajetreada.
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La música del orgasmo fue interpretada por una salamandra que tocaba el piano en las pestañas de una mujer.
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Los mitos fundacionales son el blockbuster de la épica.
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El hombre prehistórico con perspectivas sabía que tenía todo el tiempo del mundo por delante.
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Los calamares sienten verdadero terror por los pintores aficionados a la pesca.
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Es raro que Matilde no lleve acento.
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Era un niño muy persistente; consiguió sobrevivir a su adultez.
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Los caníbales siempre reservaban una silla de menos en el restaurante.
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Era erotómano y filatélico; se cuidaba de que sus sellos procedieran de correspondencia femenina.
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Un obrero observador anticipó la crisis antes que nadie; había déficit de ancianos en las vallas.

domingo, 9 de junio de 2013

El Rastro

El Rastro, fotografía de Carlos Saura para ilustrar el libro homónimo de Gómez de la Serna.
Una chica con unas gafas sobredimensionadas mira una caja de latón encima de unos papeles de periódicos, sobre el suelo. Al lado una cuchilla con la que le está quitando el óxido, unos pinceles y unos botes de pintura pequeños, de cristal, como en el que Alicia se mete para surcar el océano de lágrimas. Cerca su novio en el sofá ojea una revista sin ganas, mira por encima de las páginas pensando en decirla que quizá la gracia está en dejar la caja tal y como la compraron el domingo anterior en El Rastro, que si la arregla la va a estropear. Pero ella parece decidida a restaurarla, o a darle otro aspecto, mejor dicho; él creé recordar que, mientras que tomaban unas sardinas en un bar de Cascorro, ella le dijo que podría dibujar unas flores o unas formas geométricas, o lo que fuera. Ella acabará lo que tiene pensado hacer, como siempre. Cuando le pregunte que qué le parece él dirá que está muy bien, que le ha quedado muy bonita, aunque no haya por donde cogerla. La cuestión, piensa el chico mientras que oye el rascar de la cuchilla sobre el metal, es que ella nunca conoció El Rastro cuando aún era un sitio especial donde ese hampa amable trapicheaba con objetos de baúles extraños sobre una manta. Donde él le preguntaba a su padre si las máscaras de gas que veían eran de verdad de una guerra -cualquiera, una guerra indeterminada, lo importante era la veracidad del combate- o sí los trabucos -unas malas imitaciones traídas de Toledo- habían sido de algún bandolero como Luis Candelas. Él había sido un niño raro, de los que tuvo la suerte de conocer ese Madrid crepuscular que aún, en pequeños retazos, como imágenes de un sueño que se borran al momento en que recordamos, pervivía más allá de las páginas escritas por Gómez de la Serna. Aquella gente que él vio en Ribera de Curtidores ya no existía: ni los traperos, ni los carteristas, ni el viejo que se paseaba con un loro al hombro y decía haber sido pirata -y que quizá sólo se parecía a ellos por el insoportable olor a vino que exudaba-, ni siquiera el chato, primera figura de horror en su vida, faz de escalofrío por la espalda y sin embargo de una atracción magnética, poco más que un señor normal -bien arreglado, con americana marrón de tela gruesa- pero que carecía de nariz. Aquella gente, si había llegado a existir, ya era poco más que el óxido que yacía en los papeles de periódico arrancado por aquellas certeras manos de chica joven. Él se levantó al baño, pasando por su lado rápido, sin querer mirar a la lata. Ella notó el aire al pasar y dejó por un momento de frotar con aquella cuchilla.

jueves, 6 de junio de 2013

Hijo


Un bloque de viviendas cualquiera en una ciudad cualquiera. Un niño de unos pocos meses en una cuna. La habitación tenía ese olor a galletas que, misteriosamente, algunos bebés dan a los recintos que habitan. Las paredes, azules, con unas nubes blancas dibujadas en serie a mitad del muro, daban un aspecto irreal a la estancia, como de cielo católico. El niño se había despertado y permanecía fascinado con algo que sólo él entendía. Miraba atento al techo y sonreía, con ese gesto de aprendiz de quien ni siquiera tiene todavía ensayada la risa. Movía los brazos y las piernas sin mucha coordinación, en una especie de aplauso espontáneo y primario. Su madre llevaba algo más despierta, estaba en chándal e intentaba desatornillar una mesa sin demasiada fortuna. En uno de los intentos -los tornillos eran de un metal pésimo- el destornillador, asido con toda la fuerza que podía, se le escapó y fue a clavarse en la alfombra, a pocos centímetros de su pierna. Ella quedó quieta, en ese estado en el que caemos después de asomarnos al precipicio que acompaña al accidente, rodeada de cajas a medio hacer y un sofá cochambroso que no se llevarían. Pudo, en el silencio sólo cortado por su respiración que volvía poco a poco a la normalidad tras el susto y el esfuerzo, oír a su hijo ya despierto en la habitación de al lado. Fue a por él y decidió, al verle tan contento sólo por estar despierto, que no iba a hacer nada más que cuidarle, al menos esa mañana. Estar con él, tocarle las manos, mirarle a los ojos, verle dormir otra vez. 
Empezarían de nuevo en otra parte, encontrarían otro lugar. Y ella volvería a pintar las paredes de azul y cubrirlas con la cenefa de nubes.

viernes, 12 de abril de 2013

Dexedrinas XII

Dreams - Aubrey Beardsley - 1894

Los árboles sin hojas son como sistemas circulatorios ausentes de sus cuerpos.
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Sólo los que han huido conservan esa inercia en la mirada que les situa siempre al borde de la desaparición.
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Los cordones son los grilletes que impiden la deserción a la carrera de nuestros zapatos.
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Situarse frente a un escaparate es siempre peligroso; en este mundo es complicado saber cuál lado es el correcto desde donde mirar.
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Una librería vacía es una tumba de palabras.
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Las horas bajo preocupaciones tienen la densidad del caramelo líquido, pero nada de su dulzor.
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La valentía no es el arrojo desmedido, sino la sobreposición al miedo, a las consecuencias de nuestros actos.
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La rueda del ratón es la rueca contemporánea con la que giramos nuestras vidas tras ver algo en pantalla.
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Los sueños son la carrera cinematográfíca de un director llamado deseo.
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Su patetismo se expresaba con distancia: la que mediaba entre él y sus aspiraciones, referentes y objetivos.
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La ansiedad te toca en el hombro por la noche para ir burlona a refugiarse tras la cortina.

viernes, 1 de marzo de 2013

El anciano


Salía del portal a la misma hora todos los días, en ese espacio en el que, aunque aún es de noche, algo hace percibir que pronto dejará de serlo. Por su aspecto, pelo blanco, andar encorvado -aunque decidido- no era difícil deducir que el tiempo de jubilarse ya le había tocado. Vestía como cualquier hombre mayor pero llevaba una mochila al hombro siempre que emprendía sus paseos de madrugada. La llevaba llena de zapatos y guantes viejos que, el día anterior, recogía por los cubos de basura de su barrio. Comenzaba su marcha y de vez en cuando -en una secuencia que sólo él llegaba a comprender- sacaba un guante de la mochila y lo arrojaba en la acera, depositaba un zapato encima de un coche o dentro del hueco por el que los árboles beben en una ciudad. Al ser preguntado en una ocasión -por un paseante curioso, su yo matutino, un periodista con ambiciones artísticas, quién sabe- por qué realizaba tan extraña tarea, contestó sin pensárselo un instante: un zapato o un guante sobre el asfalto hacen volver los días violentos que esta ciudad ha tenido y que nadie parece querer recordar.

viernes, 15 de febrero de 2013

Primer Maratón de Libros Inexistentes.


El sábado 16 de febrero a las 18:00h, y organizado por La Felguera Editores, tendrá lugar en Enclave de Libros (C/ Relatores, 16; Metro Tirso de Molina) el Primer Maratón de Libros Inexistentes.

"Un grupo de escritores y submarinistas, sumergidos a pleno pulmón en territorios imaginarios, siguiendo la estela de Stanislaw Lem o Borges, creadores ambos de bibliotecas que jamás fueron escritas."

Enrique Bienzobas, Servando Rocha, Andrés Devesa, Ana Cibeira, David Antona, Colin Smith y Daniel Bernabé hablarán sobre lo que pudo haber sido, y sin serlo, fue.
 

jueves, 24 de enero de 2013

Dexedrinas XI

Stray dog - Daido Moriyama - 1971

Las maniobras militares son la teatralidad reprimida de los generales.
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El humo del cigarro crea los paramecios en el aire, las volutas de madera en suspensión, la atmósfera de Júpiter a un paso de nosotros.
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El vagabundo es el ermitaño del capitalismo, el anacoreta del dinero, el asceta de la competición. Sostiene el espejo de nuestra desvergüenza.
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Alimentaba su creatividad con el insomnio. La psicosis esperaba paciente su turno en la mesa.
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Las flores de plástico son una naturaleza muerta que nunca ha llegado a vivir.
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El voayeur busca en las ventanas las aventuras de las que carece; los demás lo hacemos en la tele.
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Las mecedoras que permanecen largo tiempo sin utilizarse acaban pensando que son sillas.
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El escritor es el dios de sus personajes; sus correcciones los arrepentimientos del destino de sus vidas.
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Tomó al mando a distancia por una calculadora de impredecible resultado.
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En la deriva del perro callejero se aprecia la psicogeografía del lobo; en su mirada la desesperación por la imposible vuelta a sus orígenes.

miércoles, 2 de enero de 2013

Brion Gysin recompone la realidad

Brion Gysin y la Dreamachine
El mercado del arte no se ocupa de los pintores que escriben.

1958. Vuelve a París y se aloja en el Beat Hotel. Traba mayor amistad con Burroughs que ya conocía de su etapa marroquí. Es en este año cuando re-descubre la técnica del cut-up (recorte) que inventara unas décadas antes el dadaísta Tristan Tzara (reclamada también por Hausmann). Al parecer estaba recortando unos periódicos cuando vio que las palabras y frases sacadas de su contexto original, recombinadas, tomaban nuevos significados. Recordó una conversación que había tenido unos meses antes con Burroughs en el que este le expresó la necesidad de llevar las técnicas e la pintura de vanguardia a la escritura. La técnica de Gysin influyó decisivamente en libros como Interzone o El Almuerzo desnudo.

1985. El Gobierno francés le concede La Orden de las Artes y las Letras.

1960. Trabaja junto a Ian Sommerville en un generador de secuencias aleatorias por ordenador, que utilizará en sus trabajos.

1952. Alice B Toklas, la compañera de Gertrude Stein, edita un libro titulado Murder in the kitchen en el que mezcla sus memorias con recetas de cocina. El libro es recordado por el "Fudge de marihuana", un pastel que promete la extensión de la personalidad en diferentes planos de conciencia y que es descrito como la "comida del paraíso". La receta es expurgada de la edición americana, pero por error u omisión, aparece en la edición británica. El amigo que le cedió la receta fue Brion Gysin.

1982. Se publica "Here to go: Planet R-101" un libro escrito por Terry Wilson en el que a modo de entrevista se traza una biografía de Gysin donde se hablan entre otras cosas de: "Drogas, sexo, días en Tánger y Marruecos, hasta el universo marcado por Control, Hassan I Sabbah, trascendentalismo, los virus, las maquinarias de la alegría y el dolor y los viajes espaciales sin cohetes."

Los cut-ups eran novedosos porque las palabras eran tratadas como mero material, como las imágenes que son, tratadas a la manera creativa de un pintor, en vez de a la manera metafísica en la que un escritor las consideraría como la parte más pequeña de un discurso. 

1986. Pinta su gran obra, "Calligrafitti of fire" un cuadro de 16 metros de largo utilizando técnicas japonesas.

1944. Se alista en los paracaidistas del Ejército Norteamericano para combatir en la Segunda Guerra Mundial, pero en su primer salto de entrenamiento se rompe la muñeca. Es transferido a una brigada escocesa en el Ejército Canadiense donde aprende caligrafía japonesa, habilidad que aprovechará años después para sus trabajos artísticos.

1950. Viaja a Marruecos junto al compositor y escritor John Bowles de quien dijo le enseñó cómo escuchar. Acaban en aldeas remotas de la Cordillera del Atlas y pueblos perdidos en el desierto del Sahara, donde graban -con el novedoso invento del magnetofón- la desconocida música de estos lugares. Gysin aprende árabe con su caligrafía -de derecha a izquierda-, completa así todas las coordenadas posibles con las que llenar un papel de signos. Pinta cuadros del desierto. Experimenta técnicas de meditación y traza contacto con magos marroquíes.

1986. Su novela "The Last Museum" es publicada de forma póstuma. Consiste en una adaptación del Libro tibetano de los muertos.

1973. Se encarga de la escenografía de una película sobre El almuerzo desnudo que nunca es rodada.


Untitled. Brion Gysin. 1977

Soy el artista cuando estoy abierto. Soy Brion Gysin cuando estoy cerrado.

1934. Conoce en París a Marie-Berthe Aurenche y esta le introduce en los círculos surrealistas. Un año después está a punto de exponer sus primeros cuadros junto a Dalí, Magritte o Arp, en la histórica muestra de la Galería Quatre Chemins. El día previo a la inauguración es expulsado del grupo por Bretón. Se le acusa de insubordinación frente a los principios del surrealismo, aunque probablemente fue una víctima de la furiosa arbitrariedad del padre del movimiento.

1954. Abre un restaurante en Tánger en el que mezcla la comida local con un espectáculo de danza, acróbatas y comedores de fuego. A las veladas les ponen banda sonora los Músicos de Jajouka, un grupo tradicional de un pueblo del Riff -Brian Jones les produjo un disco en el 68 mediante mediación de Gysin-. Las fiestas se tornaban impredecibles durando de media unas 10 horas. El restaurante quiebra en cuatro años.

1986. Muere de cáncer en la pobreza.

Veo la vida como una colaboración fortuita atribuible al hecho de que uno se encuentra en el lugar y momento apropiado.

1961. Inventa la Dreamachine (Máquina de Sueños) a la que califica como el primer objeto para ver con los ojos cerrados. El aparato consiste en un cilindro iluminado interiormente que deja escapar la luz por sus paredes troqueladas mientras que gira a 45 revoluciones por minuto. El observador debía situarse cerca, mirándolo con los ojos cerrados. En teoría la máquina actuaba sobre las ondas alfa provocando diferentes sensaciones en el experimentador, una especie de proceso psicodélico inducido sin drogas. Gysin explicó que tuvo la idea a bordo de un autobús en Marsella, mientras atravesaba una arboleda, iluminada desde atrás por el sol de tarde.

19 de enero de 1916. Nace en Inglaterra, hijo de una enfermera y un capitán de la Fuerza Expedicionaria Canadiense, ambos destinados en Europa a causa de la Primera Guerra Mundial. Su padre muere en combate cuando él cuenta con tan sólo ocho meses.

1997. Burroughs para el Guardian: "He admirado a bastantes personas, pero sólo un hombre me causa respeto, Brion Gysin"

1973. Pone en contacto a Ornette Coleman con los Masters Musicians of Jojouka para que graben un disco.

1960. Publica junto a Burroughs el libro "The Exterminator", donde se encarga del arte visual caligráfico.

Junk is no god baby
Is no good baby junk
No good baby is junk
Good baby junk is no
Baby junk is no good...


1946. Publica el libro "To Master A Long Goodnight" sobre la historia de la esclavitud en Canadá.

1960. Gysin se traslada a Londres, donde trabaja para la BBC, desarrollando la técnica del recorte hacia el poema sonoro en permutación. Este consiste en alterar las palabras de una sola frase "I am that i am" hasta el infinito, haciendo que tomen un nuevo significado por si mismas y por la alteración que produce su repetición. Esta técnica de permutación la aplica también a sonidos, como en "Pistol Poem", donde el sonido de un disparo es grabado a diferentes distancias y luego reproducido en diferentes secuencias e intervalos.

1949. Le conceden la beca Fullbright por un proyecto para documentar la historia de la esclavitud que incluía estudios en la Universidad de Burdeos y el Archivo de Indias de Sevilla. Abandona el proyecto. Desconocemos si se queda con el dinero del mismo.

Las palabras tienen una vitalidad propia y cualquiera puede ponerla en acción.

1969. Publica la novela "The Process", la historia del viaje iniciático de un profesor por el Desierto del Sahara que se torna una experiencia cercana a la alucinación.

Me gusta inventar cosas en torno a la diversión. Al fin y al cabo la vida es un juego, no una carrera (profesional).

1965. Gysin experimenta el arte de la desmaterialización, que presumiblemente había aprendido de los magos marroquíes. Según Roger Knoebbler, un amigo entrevistado acerca de su figura: "Brion era capaz de desaparecer delante de mis ojos por periodos de entre 10 y 15 minutos".