miércoles, 27 de junio de 2012

Moonrise Kingdom de Wes Anderson


Moonrise Kingdom es la última película de Wes Anderson, personaje adorado que se ha convertido en director fetiche para una minoría creciente de seguidores, que quedan atrapados desde que ven alguna de sus historias. La acción se sitúa en el verano de 1965, en unas islas de la costa de Nueva Inglaterra, donde un par de críos, después de un encuentro casual cercano a la epifanía, deciden que se quieren, y que harán todo lo posible por estar juntos.

Cada película es un mundo en si misma, en el caso de Wes Anderson un mundo de vasos comunicantes en el que los personajes y tramas podrían solaparse perfectamente. De ahí que la comparación surja sola. Moonrise Kingdom no son los Temenbauns ni Daarjeling, es más pausada, extrañamente crepuscular, con la mirada puesta no en adultos con espíritu de niño sino en niños con espíritu de adulto. Suena Françoise Hardy, no los Kinks ni los Creation. Tan buena como las otras pero diferente.

Diferente y a la vez igual, siguiendo los mismos puntos por los que transita la obra de un director con un mundo tan concreto y personal.

#1.- Estetica: Un momento que va de mitad de los sesenta hasta un punto extrañamente atemporal, que puede ser ahora, pero nunca sin abandonar los patrones de telas sintéticas, gafas de la costa azul o abrigos de cuellos estupendos. Es un recuerdo vivo que prescinde de la nostalgia pegajosa, para quedarse con lo mejor de una época en la que en determinadas partes del mundo se vivió no sólo bien, sino con estilo, cuando la música molaba y se escuchaba en pick-up y los zapatos eran de dos colores. Podría contar lo mismo pintándolo con otros colores, pero sería mucho menos atractivo.

#2.- Excentricidad: El niño de Moonrise Kingdom es como Jarvis Cocker en pequeño. Aquí no hablamos de tipos raros porque sí, de mequetrefes escuchimizados que se asustan a las primeras de cambio, de gente que saca fotos a sus pies porque no sabe/no tiene otra cosa mejor que hacer. Aquí quien aparece es gente que acepta su extrañeza respecto al mundo y construye una personalidad que le sirve como escudo y lanza frente a la vulgaridad triunfante. Exigimos el derecho a ser diferentes.

#3.- Familia: Ese grupo humano que nos atormenta y horroriza, pero que a la vez amamos y creemos imprescindible para vivir. Familias del todo anormales, relojes escacharrados que sin embargo funcionan y hasta, dos veces al día, dan la hora bien. Una madre a la que le expresamos nuestro odio mientras que nos lava la espalda con cuidado y nos devuelve una sonrisa, un marido tan aburrido y consumido por la normalidad que sale a talar árboles con una copa de vino en plena noche, previa comunicación a sus hijos (enorme Bill Murray). Puede que nuestra familia no sea la mejor del mundo, pero la queremos y necesitamos, al final son ellos quienes siempre están ahí.

#4.- Teatralidad: Las películas de Wes Anderson son como un juguete de hojalata con engranajes, preciosismo de miniatura, de figurita móvil en un Belén. Parece que se construyen con pegamento y pinzas, un decorado teatral magnífico, como el que soñábamos cuando éramos niños que el de la función del cole debería de ser. Es una antítesis de lo que cuenta, y es maravillosa.

#5.- Realismo: Porque esa antítesis consiste precisamente en rodear todo de un barniz imaginario para hablarnos de los arquetipos más reales e incluso dolorosos. La culpa y la forma de pagarla, la soledad y la búsqueda de los pares, la hora cercana de la muerte, el despertar ante la vida.

#6.- Objetivos: La vida sería un devenir infumable sin objetivos ni metas. Y para estos personajes no hay montaña lo suficientemente alta ni río lo suficientemente ancho que les impidan conseguirlos. Se puede fallar, llegar a un punto que no esperábamos, acabar en la cárcel o en un manicomio. Pero nunca negar la aventura de luchar por lo que queremos.

#7.- Amor: Y qué es lo que queremos. Pues desde esa camarera de motel de carretera, que nos deja extasiados mientras que hace las camas, hasta esta niña con ojos maravillosos, pasando por la madre que espera en la India. Las queremos a ellas. Y lo hacemos sin esperar contrapartidas, de la única forma sensata que se puede querer a alguien, dando todo por estar junto esa persona.

lunes, 25 de junio de 2012

Hannah Höch y sus reconstrucciones

H.H. con sus Muñecas, alrededor de 1920


#1. Reconstrucción de la Normalidad.


La Normalidad como categoría, el devenir esperado de las cosas y las personas por el camino socialmente establecido. Höch tenía todo de su parte para haber transitado por las vías de la convención, esas que llevan a ser absorbidos como un número en la gigantesca cuenta de resultados de la historia. Hija de la pequeña burguesía de un pueblo del estado de Turingia, su padre trabajaba para una compañía de seguros, siendo la  mayor de cinco hermanos, lo que equivalía a ser la madre suplente de los mismos. Estudios artísticos y de artesanía que la llevan a trabajar en revistas de moda femenina. Podría haber sido una respetable mujer casada con profesión propia hasta que llegara la propia descendencia. Pero no.

Hannah Höch es zarandeada por la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, quizá del mismo modo que lo es su país, Alemania. Un adiós momentáneo al Reich y al emperador, al sueño del expansionismo ahogado en el barro del Somme y el gas de Verdún. Una pequeña ciudad de su estado, Weimar, toma un protagonismo histórico inesperado unos pocos años antes. Ella, como la ciudad, dirige sus capacidades artísticas hacía un lugar no previsto, fuera del alcance de damas berlinesas y señoras de provincias.

Hannah Höch ha cambiado su vida para siempre, ha elegido la senda no prevista.



#2. Reconstrucción de la vanguardia.


Höch se cruza por primera vez con Raoul Hausmann en 1915. Ideólogo principal del grupo Dadá de Berlín, posiblemente el más activo artística y políticamente. Su adscripción al grupo es completa en 1919, su amistad se ha transformado en una relación, del tipo que pudiera ser con alguien como Hausmman.

El grupo berlinés se enfrentó contra el convencionalismo del arte y su separación de la política y la vida, contra la reacción alemana y contra los que querían hacer de Weimar un cambio superfluo para que no cambiara nada. Un enfrentamiento constante hasta entre ellos, todos hombres con egos a la altura de su talento. Höch podía haber sido la pincelada colorista, el toque casualmente femenino, la anécdota llamada mujer. Pero no.

H.H. se destapó como una artista total que supo aprovechar su trabajo en revistas de moda para realizar uno de los primeros ejemplos de reapropiación, utilizando a las mujeres que decoraban las páginas como elementos de choque a los que se otorgaba un nuevo significado en sus collages. Creó obras tan significativas para el movimiento (y de nombres tan angulosos) como Corte con el cuchillo de cocina Dadá a través de la última época cultural de barriga cervecera de Weimar, fotomontaje que resume, asunto  nada fácil, las perspectivas estéticas, teóricas y políticas de este grupo, pero también su posición dentro de él. Höch se convirtió en contra de toda la inercia de la sociedad patriarcal, incluso dentro de la vanguardia cultural, en una artista independiente. Pese a compartir con su compañero, Haussmann, el siempre discutido paternalismo del fotomontaje , pese a sus múltiples e importantes obras expuestas en las muestras del Club Dadá, algunos no dejaron de considerarla como un mero apéndice, la chica que servía los bocadillos y la cerveza.

Corte con el cuchillo de cocina Dadá..., 1919.

3.- Reconstrucción de la identidad.


Höch sería también parte del Grupo de Noviembre, un conjunto de artistas, que aunque no compartían rasgos comunes, pretendieron reorganizar el arte para apoyar a la revolución alemana de 1918, acontecimiento histórico tan importante como olvidado, que de triunfar, hubiera cambiado toda la historia del S.XX., y donde fue asesinada otra mujer que comandó la insurrección, Rosa Luxemburgo.

Hannah Höch comienza una relación en 1926 con la escritora Til Brugman. Profundiza, además de en su ideario artístico y político, en su faceta feminista. La mujer no era (entonces y ahora) considerada totalmente una persona, no tenía control sobre su vida, ni sobre su cuerpo, transformado por exigencias del varón y del mercado. Está al lado de las mujeres que rompían sus roles de género. Sus trabajos giran hacia la androginia y la bisexualidad.

Höch asume no solamente la redefinición de género, sino también la de la propia iconografía nacional, incluyendo elementos asiáticos y africanos en sus reconstrucciones de cuerpos humanos.

Un paso más en una carrera de una mujer libre, izquierdista, feminista y no nacionalista, cuyo arte fue obviamente prohibido dentro de Alemania a partir de 1933.

Las reconstrucciones de Hanna Höch, los cambios de dirección imprevistos, un salto constante por encima de los letreros y las etiquetas que nos dicen por dónde tenemos que ir, como debemos ser, que lugar nos corresponde.

martes, 19 de junio de 2012

Deuca Tuco #19

Portada del DT19 por Mik Baro

Ya está en la calle el número 19 del mítico e inigualable fanzine Deuca Tuco, publicación que el Escúter Club Segovia lleva elaborando desde, atentos, el año 1994.

Y tuvieron la amabilidad de acordarse del tipo que escribe esto para hacerle unas preguntas acerca de la vida y el arte, comentar De derrotas y victorias (nunca ochenta y pico páginas dieron para tanto, ¡qué vago soy, pardiez!) y proponerme que escribiera un relato, titulado El reencuentro.

Además podrán también deleitarse con:


Doble Overtura: "Segovia y Nueva Segovia" / "Jimmy Cooper que estás en los cielos" / Entrevista a Juanito Wau, del conjunto Wau y los Arghgs!! / Colaboración: Humor y Barbarie, por Kiko Amat / The Style Counsel ( La Francis te aconseja como triunfar en sociedad): At the party / Cine: dossier cine erótico español, por Galactus, enviado especial desde Mondo Brutto / Cara a cara "Mik Varo vs Mr. Bratto" / Historietas: Pasado, presente y futuro, por Festus / Pasatiempos : juego de las diferencias / Mini relato: Lo mejor está por llegar, por Carlos Rod / Plataforma Anti-Deuca Tuco / Noticias breves y de última hora, greguerías musicales, viajes, etc.


Disponen de mil copias antes de que se acabe, y las pueden encontrar en Madrid en Chopper Monster, Up Beat, Munster, Weirdo, Siroco, La vía Lactea, Madrid Comics, Vinos y Viandas, en León en Electra, en Valencia en Dicos Oldies y en Cleo Gijón. Seguro que en mogollón de sitios más también.


Nada más, agradecer el espacio, decirles que me hace una ilusión tremenda y desear al Deuca Tuco una larga vida.

jueves, 14 de junio de 2012

Dexedrinas V

Langweilige puppen, Jeanne Mammen, 1929

Eran cínicas, displicentes y superficiales, terriblemente atractivas. Una trágica femineidad incapaz de separar sus polos magnéticos.
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El jardinero cuidaba las plantas con dedicación, especialmente a aquella extraña flor. Le recordaba a la mujer que nunca tuvo.
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Le pidió prestada su mirada. La necesitaba para vencer a la realidad.
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Acercó su oído al reloj de arena y pudo oír al tiempo desprendiéndose como grandes rocas de una montaña.
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Los calcetines tirados en el suelo al acabar el día son las mudas de piel de serpiente de la cotidianeidad.
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La lámpara permaneció encendida cuando ellos se marcharon. Iluminaba todo aquello que no pudo ser.
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La crisis era tan grave que en los canales infantiles sólo programaban dibujos de George Grosz.
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Una cámara sin objetivo. Además de sacar las imágenes desenfocadas carecía de ambiciones.
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El tiovivo es como la vida, una persecución implacable destinada al fracaso.
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Los mineros custodiaron nuestra dignidad bajo la tierra. La hicieron brotar cuando más falta hacía.

martes, 12 de junio de 2012

Irredento, de Álex Portero Ortigosa


Irredento
Álex Portero Ortigosa
Ediciones Endymion
Madrid, 2011
9788477315186
10€


PROFETA

-I-

Espectros con repugnantes barbas de cartón
habitan el campo de batalla de la ciudad.
Guerreros ciegos guiados por un estandarte alcohólico, hediondo,
libran batallas traidoras contra el aire,
se dejan la vida olvidada al pie de las farolas
creyendo que son jaulas que guardan fuegos fatuos.
Pequeños templetes de obscenidad.

-II-

Soy el bardo de la perdición,
el maldito trovador de horrible rostro y voz metálica
que aúlla bajo las ventanas de los prostíbulos,
creyendo que el amor cortés aún es posible,
aunque los protagonistas de mis baladas son seres grotescos.
Trato de encontrar la belleza bajo las costras,
el orgasmo que habita en el interior
de cada muestra extrema de dolor.

-III-

Cuando todas las luces se apagan,
al echarse a dormir los perdedores,
una sombra cojitranca deambula por las calles desiertas,
susurra canciones sin sentido en lenguas macabras,
las acompaña tañendo una lira
armada con restos de jeringuillas.
Escuchad, niños, el sonido de la corrupción humana,
montañas de tuétanos se retuercen de asco,
vísceras hinchadas, acomodadas ya al sepulcro sillón
gritando a coro su vergüenza.

-IV-

Seguiré entonando pesadillas
con la mayor inquina que pueda
Hasta que pidáis clemencia de rodillas,
y asustados de vosotros mismos,
abandonéis esta tierra miserable.