martes, 27 de noviembre de 2012

Conquista de lo inútil, de Werner Herzog





Conquista de lo inútil
Werner Herzog
Blackie Books
Traducción Juan Carlos Silvi
Barcelona 2012
9788494001963
15€

"Escaleras empinadas cerca del matadero a la orilla del río donde tienen lugar los asesinatos, porque lo que he visto ahí no era manera de sacrificar vacas. Una se ha escapado con la corriente y se ha ido nadando. Dos hombres han ido nadando tras ella. En el matadero, un carnicero indígena se ha cortado sin querer el dedo del pie y sangraba copiosamente, pero, como estaba hundido hasta los tobillos en intestinos y sangre resbaladiza, al principio no se ha dado cuenta del todo y luego ha tenido que buscar de donde salía su propia sangre. Se ha sentado sobre el vientre de la vaca recién derribada, que todavía coceaba, y se ha examinado el pie. A su lado había un cerdo acuchillado en el corazón; al cabo de un rato el animal se ha levantado y se ha ido" 

Aprovechar el lanzamiento de la nueva edición de este título, en la colección de "bolsillo" de la editorial Blackie Books, me ha parecido una buena ocasión para reseñar un libro que, en el momento de su lectura -hace un par de años-, me dejó la sensación de haber transitado por una de esas obras extrañas, diferentes e imprescindibles.

Werner Herzog es un tipo que, más allá de su oficio de cineasta, ha construido a su alrededor una merecida leyenda de hombre extremo y singular, de individuo cuyo compromiso con su obra trasciende las barreras del arte para mezclarse con las de la vida y la locura. Su prolífica y variada filmografía ha tenido siempre el hilo conductor de -bien fueran documentales, películas de época o narraciones realistas y presentes- situar como protagonista de su objetivo a personajes muy parecidos a él mismo: los que se colocan en los márgenes y son capaces de darlo todo por llevar a cabo sus sueños.

Conquista de lo inútil es, en principio, el diario de rodaje de Fitzcarraldo. La película trata de un hombre cuya pasión por la ópera le lleva a la idea de construir un teatro en Iquitos, ciudad peruana en los lindes de la selva amazónica. Ambientada en el último tercio del S.XIX -cuando el negocio del caucho hizo de este lugar uno de los más ricos del planeta- Fitzcarraldo busca la financiación para su proyecto en la explotación de unos bosques de árboles caucheros, baratos, pero con un acceso fluvial imposible. Imposible para todos menos para alguien empeñado en una tarea costase lo que costase, capaz, de con la ayuda de los indígenas, de elevar un barco por encima de una montaña, de dejarse en ello lo que hiciera falta.

El rodaje de Fitzcarraldo fue tan épico y desastroso como la historia que narra. Herzog no quería engañar al espectador con efectos especiales, con trucos y ardides (en el fondo qué es el cine sino un engaño maravilloso) y situó al equipo, a los actores (su relación con Kinski da tanto de sí como para que existan libros y películas sobre ella) y a él mismo en medio del paraje amazónico donde transcurría la aventura. 

Este libro del que hablamos expone parte de esas experiencias cinematográficas: la conversación con unos ejecutivos de Hollywood que pretendían utilizar una maqueta para el pasaje del barco y su estupefacción al conocer los planes del director; los robos descarados de material por parte del equipo de la película; las dificultades con las autoridades y con las comunidades indígenas; el reverencial recibimiento de los peruanos a la Cardinales y sus pechos...

Pero este libro es mucho más que un simple diario de rodaje. Es uno de los ejercicios de extrañamiento más profundos que he leído nunca. Herzog es una persona que se maravilla por todo lo que le rodea, que siente curiosidad hasta por los más pequeños detalles, que mantiene un asombro infantil por todo lo que ve. 

Así, entre el rodaje, sus sensaciones acerca de la selva, como un mundo bello y terriblemente hostil, o la dificultad de comunicación (y no únicamente por el idioma) con los habitantes de la Amazonía, acaban pintando, en una prosa poética fragmentada pero completa, un cuadro narrativo de un mundo desaforado que no es el nuestro, que se niega a ser filmado o incluso comprendido.

Un libro, en palabras del propio Herzog: "Para los que tienen un sentido poético. Para los que pueden contar un cuento a un niño de cuatro años y mantener su atención, para los que sienten un fuego en su interior"