miércoles, 7 de noviembre de 2012

Aquí todo es mejor, de Justin Taylor.


Aquí todo es Mejor
Justin Taylor
Ediciones Alpha Decay
Traducción Marta Alcaraz Burgueño
Barcelona 2012
9788492837427
19,50€

"Estaba muerto de miedo, pero no era sólo eso: también estaba emocionado, supongo, entusiasmado y todo. Era como estar al borde de un precipicio pensando: si salto, puede que vuele. Si nos decidimos, ya nunca podríamos echarnos atrás. Con una mezcla de miedo y deseo auténtico, consideré la idea de verme obligado a convertirme en algo así como un hombre. ¿Y sí trabajaba duro y conseguía salir adelante, que todos saliéramos adelante? Una pequeña familia de excursión al lago en pleno verano, un día que hiciera bueno. Con nuestra propia barquita."

¿Qué es lo que hace a un libro de relatos auténticamente bueno?. Recuerdo que me hice esta pregunta cuando acabé de leer Aquí todo es mejor, la primera colección de cuentos de Justin Taylor publicada en castellano por Alpha Decay.

La pregunta surgía de la sensación ambivalente que me dejó la lectura de estos cuentos, situados en la América contemporánea y protagonizados por jóvenes en esa extraña franja que comprende hoy este periodo, y que se extiende como una extraña mancha que nadie sabe donde acaba. La sensación fue de vacío, de tristeza, de suspiro provocado por la indeteminación.

El libro estaba bien escrito, de eso no cabía duda. Pensé que la comparación con Carver le quedaba grande (todo es pequeño a su lado, claro), aunque sí es cierto que Justin Taylor, el autor, tiene esa forma de contar tan americana que le acerca al escritor de Principiantes: una economía en los detalles estéticos que está al servicio de transmitir emociones desde las cosas sencillas y cotidianas.

Y es ahí cuando me di cuenta de qué era lo que me inquietaba, lo que me transmitía ese pesar: la cotidianidad de Carver y de Taylor es completamente diferente. Es decir, el mundo que narra este libro explica como EEUU ha cambiado mucho más de lo que parece en treinta años. Mientras que los personajes de Carver solían ser tipos de mediana edad de clase obrera expulsados a los márgenes, y por tanto con una identidad robada, los jóvenes de Taylor son chicos de clase media que, a pesar de tener una senda marcada, y hasta a veces cómoda en el plano material, carecen de una identidad personal porque nunca la han conocido. De hecho no luchan por encontrarla, se encuentran con ella en los problemas inmediatos que les surgen.

La transición de la juventud a la esperada madurez (esto es, lo que la sociedad espera de ellos) no se acaba de completar nunca porque ellos no sienten que ese sea su camino. La cuestión es que tampoco buscan otro. Inteligentes y agudos, los personajes diseccionan la realidad que los rodea, un Estados Unidos aburrido, pacato y estúpido, pero no luchan contra él. Ni si quiera lo observan con superioridad, lo hacen desde el distanciamiento, desde un esplín del siglo XXI.

La historias, los cuentos, continúan esa senda que el realismo sucio marcó (y si nos ponemos, antes Chejov o Joyce en Dublineses) de abandonar los grandes acontecimientos, los momentos ocurrentes, los giros inesperados y teatrales. Son historias en las que parece que no pasa nada, en las que sólo lo parece. La transición por el conflicto diario, ese que surge desde lo inesperado pero que no nos sorprende, es el que explica mejor la vida.

Y al fin y al cabo eso es un buen libro de relatos, el que nos explica la vida, ese devenir que pasa mientras nosotros hacemos nuestro planes. Por eso este es un buen libro, que disfrutaran (o sufrirán) todos los lectores que buscan en los cuentos una forma de entender su realidad.