lunes, 25 de junio de 2012

Hannah Höch y sus reconstrucciones

H.H. con sus Muñecas, alrededor de 1920


#1. Reconstrucción de la Normalidad.


La Normalidad como categoría, el devenir esperado de las cosas y las personas por el camino socialmente establecido. Höch tenía todo de su parte para haber transitado por las vías de la convención, esas que llevan a ser absorbidos como un número en la gigantesca cuenta de resultados de la historia. Hija de la pequeña burguesía de un pueblo del estado de Turingia, su padre trabajaba para una compañía de seguros, siendo la  mayor de cinco hermanos, lo que equivalía a ser la madre suplente de los mismos. Estudios artísticos y de artesanía que la llevan a trabajar en revistas de moda femenina. Podría haber sido una respetable mujer casada con profesión propia hasta que llegara la propia descendencia. Pero no.

Hannah Höch es zarandeada por la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, quizá del mismo modo que lo es su país, Alemania. Un adiós momentáneo al Reich y al emperador, al sueño del expansionismo ahogado en el barro del Somme y el gas de Verdún. Una pequeña ciudad de su estado, Weimar, toma un protagonismo histórico inesperado unos pocos años antes. Ella, como la ciudad, dirige sus capacidades artísticas hacía un lugar no previsto, fuera del alcance de damas berlinesas y señoras de provincias.

Hannah Höch ha cambiado su vida para siempre, ha elegido la senda no prevista.



#2. Reconstrucción de la vanguardia.


Höch se cruza por primera vez con Raoul Hausmann en 1915. Ideólogo principal del grupo Dadá de Berlín, posiblemente el más activo artística y políticamente. Su adscripción al grupo es completa en 1919, su amistad se ha transformado en una relación, del tipo que pudiera ser con alguien como Hausmman.

El grupo berlinés se enfrentó contra el convencionalismo del arte y su separación de la política y la vida, contra la reacción alemana y contra los que querían hacer de Weimar un cambio superfluo para que no cambiara nada. Un enfrentamiento constante hasta entre ellos, todos hombres con egos a la altura de su talento. Höch podía haber sido la pincelada colorista, el toque casualmente femenino, la anécdota llamada mujer. Pero no.

H.H. se destapó como una artista total que supo aprovechar su trabajo en revistas de moda para realizar uno de los primeros ejemplos de reapropiación, utilizando a las mujeres que decoraban las páginas como elementos de choque a los que se otorgaba un nuevo significado en sus collages. Creó obras tan significativas para el movimiento (y de nombres tan angulosos) como Corte con el cuchillo de cocina Dadá a través de la última época cultural de barriga cervecera de Weimar, fotomontaje que resume, asunto  nada fácil, las perspectivas estéticas, teóricas y políticas de este grupo, pero también su posición dentro de él. Höch se convirtió en contra de toda la inercia de la sociedad patriarcal, incluso dentro de la vanguardia cultural, en una artista independiente. Pese a compartir con su compañero, Haussmann, el siempre discutido paternalismo del fotomontaje , pese a sus múltiples e importantes obras expuestas en las muestras del Club Dadá, algunos no dejaron de considerarla como un mero apéndice, la chica que servía los bocadillos y la cerveza.

Corte con el cuchillo de cocina Dadá..., 1919.

3.- Reconstrucción de la identidad.


Höch sería también parte del Grupo de Noviembre, un conjunto de artistas, que aunque no compartían rasgos comunes, pretendieron reorganizar el arte para apoyar a la revolución alemana de 1918, acontecimiento histórico tan importante como olvidado, que de triunfar, hubiera cambiado toda la historia del S.XX., y donde fue asesinada otra mujer que comandó la insurrección, Rosa Luxemburgo.

Hannah Höch comienza una relación en 1926 con la escritora Til Brugman. Profundiza, además de en su ideario artístico y político, en su faceta feminista. La mujer no era (entonces y ahora) considerada totalmente una persona, no tenía control sobre su vida, ni sobre su cuerpo, transformado por exigencias del varón y del mercado. Está al lado de las mujeres que rompían sus roles de género. Sus trabajos giran hacia la androginia y la bisexualidad.

Höch asume no solamente la redefinición de género, sino también la de la propia iconografía nacional, incluyendo elementos asiáticos y africanos en sus reconstrucciones de cuerpos humanos.

Un paso más en una carrera de una mujer libre, izquierdista, feminista y no nacionalista, cuyo arte fue obviamente prohibido dentro de Alemania a partir de 1933.

Las reconstrucciones de Hanna Höch, los cambios de dirección imprevistos, un salto constante por encima de los letreros y las etiquetas que nos dicen por dónde tenemos que ir, como debemos ser, que lugar nos corresponde.