viernes, 28 de diciembre de 2012

Vidas al límite - Festival Alta Fidelidad

Ivan Castelló, Rodolfo Chisleanchi y Daniel Bernabé en el bar Costello Río.
He tenido la suerte de compartir esta tarde un buen rato en el acto "Vidas al límite", una conversación encuadrada dentro del festival de música, cine y literatura Alta Fidelidad. El contenido del coloquio ha versado sobre como se mueven los creadores en un entorno de crisis. El acto ha estado moderado por el periodista Iván Castelló y como compañero de intervención he tenido al también periodista Rodolfo Chisleanchi, el cual, además de hablarnos de como afecta la crisis al periodismo, nos ha ilustrado con otra de sus facetas, la de entrenador de futbolistas con discapacidad visual, como ejemplo de superación y adaptabilidad.

Yo por mi parte he hablado sobre qué es esto de intentar dedicarse a escribir cuando llegar a fin de mes se hace prácticamente imposible. Había pensado en redactar aquí el contenido de mi intervención, pero mejor voy a dejar las notas que tomé en bruto, según fueron surgiendo. Y que cada posible lector las interprete como quiera.

- ¿Cómo llegamos hasta aquí? De la vida convencional a la vida underground. Abandonando la estabilidad hacia el mundo del libro.
- ¿Qué es ser escritor?¿Importa el formato en el que escribas?¿Importa lo que vendes?¿De dónde viene el éxito y el reconocimiento?
- ¿Cómo se vive de escribir? Literatura desde la working class.
- La crisis como algo más que una cuestión económica: fin de modelo y régimen.
- Crisis cultural manifestada en un agotamiento de modelos y técnicas.
- Hegemonía / Superestructura: ¿Qué puede aportar el escritor?
- ¿De que escritores hablamos? ¿Sabe Javier Marías el significado de un despido?
- ¿Cómo se narra la crisis? ¿Quién la cuenta?
- Concepto romántico de la literatura alejada de lo económico. Los escritores también comemos.
- ¿Pagar por leer? Internet y el mundo de las colaboraciones no remuneradas.
- La literatura no se puede cambiar en abstracto. Sus formas y fondos están inherentemente unidos al sistema económico.
- Separación artificial de vida/arte/política
- La falsa idea del escritor como genio.
- ¿Cuánto vale el conocimiento cultural en esta sociedad?¿Vale de algo saber quién es Arthur Cravan?
- La insoportable y tediosa cuestión de la auto-promoción.
- No importa lo que escribas; importa que te vean. Calidad literaria y fama literaria.
- Hay que ser sublimes sin interrupción o al final sólo nos queda lo que nosotros contemos.
- Hay que ir elegante hasta para comprar el pan. Jarvis Cocker: un ejemplo de como hacer poesía desde lo cotidiano.

Legazpi - Sol


Las voces roncas del pasado se establecen como asidero mental a nuestras más íntimas contradicciones.
Sólo en el juego encontramos la verdadera naturaleza de los momentos abstractos que componen nuestra sinfonía existencial.
El vagón se desplaza rompiendo las posibilidades y añadiendo viajeros como cartas de póker trucadas.
Sólo me interesan aquellos que llevan las suelas relucientes de tanto caminar.
Un proceso raro y automático de entretenimiento desglosado.
Sus ojos me dejan de inspirar confianza.
Me dan miedo los desconocidos que silban como theremines.
Por lo menos hoy me llevo el abrazo sincero de unos pocos, un gesto de complicidad con mi derrota. Elegimos sólo las puertas que se abren, pero abrimos todas las que haga falta.
Rodamos a la deriva sublimes sin interrupción.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Dexedrinas X

Les Voyants - Paul Nogue

Frente a la indecisión la coma se yergue como el último asidero ante el precipicio blanco.
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Creaba sus metrópolis particulares mirando muy de cerca a las mesas atestadas de objetos.
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Los armarios vacíos, llenos de perchas colgando, son cajas torácicas para la ropa.
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Un gato sufría de angustia existencial; se sometió a terapia cuántica.
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Asesinaron a aquel pintor puntillista clavándole un tiralíneas.
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Construyó un museo de palabras: quinqué, sextante, linotipia. Dejó, previsor, un hueco para democracia.

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Para ejercer la mentira es indispensable conocer la verdad.
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Las mantas son un sustitutivo textil de los abrazos del amante.
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Un taxidermista obsesionado con su profesión; sufría doblemente en los entierros familiares.
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El mundo comenzó a ir mejor cuando encerramos a los millonarios dentro de sus mansiones para siempre.

martes, 27 de noviembre de 2012

Conquista de lo inútil, de Werner Herzog





Conquista de lo inútil
Werner Herzog
Blackie Books
Traducción Juan Carlos Silvi
Barcelona 2012
9788494001963
15€

"Escaleras empinadas cerca del matadero a la orilla del río donde tienen lugar los asesinatos, porque lo que he visto ahí no era manera de sacrificar vacas. Una se ha escapado con la corriente y se ha ido nadando. Dos hombres han ido nadando tras ella. En el matadero, un carnicero indígena se ha cortado sin querer el dedo del pie y sangraba copiosamente, pero, como estaba hundido hasta los tobillos en intestinos y sangre resbaladiza, al principio no se ha dado cuenta del todo y luego ha tenido que buscar de donde salía su propia sangre. Se ha sentado sobre el vientre de la vaca recién derribada, que todavía coceaba, y se ha examinado el pie. A su lado había un cerdo acuchillado en el corazón; al cabo de un rato el animal se ha levantado y se ha ido" 

Aprovechar el lanzamiento de la nueva edición de este título, en la colección de "bolsillo" de la editorial Blackie Books, me ha parecido una buena ocasión para reseñar un libro que, en el momento de su lectura -hace un par de años-, me dejó la sensación de haber transitado por una de esas obras extrañas, diferentes e imprescindibles.

Werner Herzog es un tipo que, más allá de su oficio de cineasta, ha construido a su alrededor una merecida leyenda de hombre extremo y singular, de individuo cuyo compromiso con su obra trasciende las barreras del arte para mezclarse con las de la vida y la locura. Su prolífica y variada filmografía ha tenido siempre el hilo conductor de -bien fueran documentales, películas de época o narraciones realistas y presentes- situar como protagonista de su objetivo a personajes muy parecidos a él mismo: los que se colocan en los márgenes y son capaces de darlo todo por llevar a cabo sus sueños.

Conquista de lo inútil es, en principio, el diario de rodaje de Fitzcarraldo. La película trata de un hombre cuya pasión por la ópera le lleva a la idea de construir un teatro en Iquitos, ciudad peruana en los lindes de la selva amazónica. Ambientada en el último tercio del S.XIX -cuando el negocio del caucho hizo de este lugar uno de los más ricos del planeta- Fitzcarraldo busca la financiación para su proyecto en la explotación de unos bosques de árboles caucheros, baratos, pero con un acceso fluvial imposible. Imposible para todos menos para alguien empeñado en una tarea costase lo que costase, capaz, de con la ayuda de los indígenas, de elevar un barco por encima de una montaña, de dejarse en ello lo que hiciera falta.

El rodaje de Fitzcarraldo fue tan épico y desastroso como la historia que narra. Herzog no quería engañar al espectador con efectos especiales, con trucos y ardides (en el fondo qué es el cine sino un engaño maravilloso) y situó al equipo, a los actores (su relación con Kinski da tanto de sí como para que existan libros y películas sobre ella) y a él mismo en medio del paraje amazónico donde transcurría la aventura. 

Este libro del que hablamos expone parte de esas experiencias cinematográficas: la conversación con unos ejecutivos de Hollywood que pretendían utilizar una maqueta para el pasaje del barco y su estupefacción al conocer los planes del director; los robos descarados de material por parte del equipo de la película; las dificultades con las autoridades y con las comunidades indígenas; el reverencial recibimiento de los peruanos a la Cardinales y sus pechos...

Pero este libro es mucho más que un simple diario de rodaje. Es uno de los ejercicios de extrañamiento más profundos que he leído nunca. Herzog es una persona que se maravilla por todo lo que le rodea, que siente curiosidad hasta por los más pequeños detalles, que mantiene un asombro infantil por todo lo que ve. 

Así, entre el rodaje, sus sensaciones acerca de la selva, como un mundo bello y terriblemente hostil, o la dificultad de comunicación (y no únicamente por el idioma) con los habitantes de la Amazonía, acaban pintando, en una prosa poética fragmentada pero completa, un cuadro narrativo de un mundo desaforado que no es el nuestro, que se niega a ser filmado o incluso comprendido.

Un libro, en palabras del propio Herzog: "Para los que tienen un sentido poético. Para los que pueden contar un cuento a un niño de cuatro años y mantener su atención, para los que sienten un fuego en su interior"


jueves, 8 de noviembre de 2012

Dexedrinas IX


Los sombreros usados son las viejas cacerolas donde se han cocido las ideas de la gente.
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Desde que se declaró públicamente surrealista sólo paseaba por la Puerta del Sol los días de lluvia.
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Los mapas le ponían triste, veía las ciudades desiertas.
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El escritor fracasado sentía predilección por las sillas cojas. Las calzaba con los exitosos libros de sus compañeros de generación.
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Se dice que los que han presenciado una ejecución por horca nunca aprietan ya el nudo de sus corbatas de la misma forma.
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Un guionista de suspense, comprometido con su profesión, siempre espera antes de descolgar el teléfono.
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Desarrolló su fetichismo por las pinzas al tiempo que fue perdiendo todos sus dientes.
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El reloj del ordenador es el calendario de celda del oficinista.
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El paragüas que ha sido roto por el aire, protegiendo a su dueño, sólo espera el rencor y el abandono.
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La diferencia entre el enamoramiento y el desapego consiste en la sublimación o el odio del detalle.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Aquí todo es mejor, de Justin Taylor.


Aquí todo es Mejor
Justin Taylor
Ediciones Alpha Decay
Traducción Marta Alcaraz Burgueño
Barcelona 2012
9788492837427
19,50€

"Estaba muerto de miedo, pero no era sólo eso: también estaba emocionado, supongo, entusiasmado y todo. Era como estar al borde de un precipicio pensando: si salto, puede que vuele. Si nos decidimos, ya nunca podríamos echarnos atrás. Con una mezcla de miedo y deseo auténtico, consideré la idea de verme obligado a convertirme en algo así como un hombre. ¿Y sí trabajaba duro y conseguía salir adelante, que todos saliéramos adelante? Una pequeña familia de excursión al lago en pleno verano, un día que hiciera bueno. Con nuestra propia barquita."

¿Qué es lo que hace a un libro de relatos auténticamente bueno?. Recuerdo que me hice esta pregunta cuando acabé de leer Aquí todo es mejor, la primera colección de cuentos de Justin Taylor publicada en castellano por Alpha Decay.

La pregunta surgía de la sensación ambivalente que me dejó la lectura de estos cuentos, situados en la América contemporánea y protagonizados por jóvenes en esa extraña franja que comprende hoy este periodo, y que se extiende como una extraña mancha que nadie sabe donde acaba. La sensación fue de vacío, de tristeza, de suspiro provocado por la indeteminación.

El libro estaba bien escrito, de eso no cabía duda. Pensé que la comparación con Carver le quedaba grande (todo es pequeño a su lado, claro), aunque sí es cierto que Justin Taylor, el autor, tiene esa forma de contar tan americana que le acerca al escritor de Principiantes: una economía en los detalles estéticos que está al servicio de transmitir emociones desde las cosas sencillas y cotidianas.

Y es ahí cuando me di cuenta de qué era lo que me inquietaba, lo que me transmitía ese pesar: la cotidianidad de Carver y de Taylor es completamente diferente. Es decir, el mundo que narra este libro explica como EEUU ha cambiado mucho más de lo que parece en treinta años. Mientras que los personajes de Carver solían ser tipos de mediana edad de clase obrera expulsados a los márgenes, y por tanto con una identidad robada, los jóvenes de Taylor son chicos de clase media que, a pesar de tener una senda marcada, y hasta a veces cómoda en el plano material, carecen de una identidad personal porque nunca la han conocido. De hecho no luchan por encontrarla, se encuentran con ella en los problemas inmediatos que les surgen.

La transición de la juventud a la esperada madurez (esto es, lo que la sociedad espera de ellos) no se acaba de completar nunca porque ellos no sienten que ese sea su camino. La cuestión es que tampoco buscan otro. Inteligentes y agudos, los personajes diseccionan la realidad que los rodea, un Estados Unidos aburrido, pacato y estúpido, pero no luchan contra él. Ni si quiera lo observan con superioridad, lo hacen desde el distanciamiento, desde un esplín del siglo XXI.

La historias, los cuentos, continúan esa senda que el realismo sucio marcó (y si nos ponemos, antes Chejov o Joyce en Dublineses) de abandonar los grandes acontecimientos, los momentos ocurrentes, los giros inesperados y teatrales. Son historias en las que parece que no pasa nada, en las que sólo lo parece. La transición por el conflicto diario, ese que surge desde lo inesperado pero que no nos sorprende, es el que explica mejor la vida.

Y al fin y al cabo eso es un buen libro de relatos, el que nos explica la vida, ese devenir que pasa mientras nosotros hacemos nuestro planes. Por eso este es un buen libro, que disfrutaran (o sufrirán) todos los lectores que buscan en los cuentos una forma de entender su realidad.


jueves, 13 de septiembre de 2012

Dexedrinas VIII

Nush y Paul Eluard, por Man Ray

El deseo y el deber combaten con las armas del placer y la recompensa
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Para el viajante la maleta es el ancla con su hogar.
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Un tecnófilo previsor sentía angustia ante la muerte. No sabía en que formato grabar la música de su funeral.
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La lencería es la tela de araña de la seducción.
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La mujer suspiraba mientras que acababa su último caligrama. Dudaba si enamorarse del escritor o del
dibujante.
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Los errores son los clavos del insomnio.
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La cajera del súper pasaba los productos por el lector con un orden creativo. Formaba acrónimos en los tickets  de venta. Estaba triste, nadie parecía advertirlo.
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La letra X expresa mejor que ninguna la multiplicidad de incógnitas respecto al sexo.
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El director de orquesta jubilado pasa las horas en el banco del parque. A veces no puede evitar dirigir al coro de palomas con su bastón.
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Las paredes de gotelé son las nubes del agorafóbico con imaginación.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Le voyage


Apreciamos tanto los viajes porque representan la aspiración permanente de la vida total. Un tiempo en el que se nos permite la deriva por las calles de un espacio inédito, la reinvención de nuestra identidad partiendo de la imaginación y la liberación mental de la condición asalariada. La única preocupación es la que debería ser siempre, el disfrute de nosotros mismos y nuestras posibilidades. Por eso su recuerdo, bajo la opresión espectacular, suele provocar una notable nostalgia. La reflexión es sencilla: hagamos de nuestra actividad, ya sea política, creativa o lúdica, un permanente viaje.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Revoluciones apropiadas


La china mira la tele que tiene en la esquina de su local con una abstracción propia de la divinidad. Va tecleando en la calculadora los precios, al azar, de las cuatro cosas que llevo mientras las mete en una bolsa verde color camuflaje. Me dice un total sin mirarme. Yo miro a la pantalla por encima del hombro y veo un culebrón situado en la Dinastía Ming (la única que conozco).

Camino por la calle camino de casa. Paso por delante de una tienda de musculación en la que venden complementos proteínicos en unos botes grandes y coloristas, la efigie de un culturista hinchado y naranja me sonríe desde el interior. Se cruzan conmigo una mujer con un perro mínimo, de andares aristocráticos y ladridos psicóticos, una pareja gay con bigotillos fascistas y una anciana con un carrito de la compra que empuja con la dificultad de los años. En su mirada puedo ver la abnegación y el cansancio de quien ha visto demasiado y nada le sorprende, de quien prefiere ya mirar hacia el pasado.

Brevemente yo también miro hacia el pasado, hacia hace un rato, una oficina de una empresa de trabajo temporal. Una chica un poco más joven que yo, con maneras aprendidas de manual, me preguntaba datos absurdos mientras que hacía marcas con un boli rojo sobre mi currículum. También tenía uno verde encima de la mesa pero no lo ha tocado en toda la conversación. Un trabajo manual para sobrevivir. Creo que no le han gustado ni mi edad, ni mi experiencia, ni mis patillas de una frondosidad tropical. A mi ella tampoco me ha gustado, pero eso es insustancial para lo que iba allí, y para las facturas. Ya me llamarán.

No me quedan ni dos meses de paro y lo peor es que me da igual. Me quedo mirando unos zapatos preciosos que veo en un escaparate, demasiado caros y demasiado bonitos para los tiempos que corren. Voy a necesitar unas botas duras para el otoño, creo que saldremos muchas veces a la calle y no precisamente de paseo.

Me pierdo en las piernas de una chica que ha dejado de ser adolescente hace poco. Empieza la temporada en el barrio. Llegan, como animalillos incautos de piel sensible, a cumplir su sueño teleproducido de estudios artísticos, más experiencia de vida en zona juvenil y pretendidamente alternativa. No sabe donde se ha metido. Los depredadores acabarán con ella en un par de fines de semana. Las noches en el centro no son una cosa sencilla, se ve en las ojeras de las que llevan aquí un año más. Se ve en las ojeras y en los modales afectados para prevenir a los posibles pretendientes de martes por la mañana.

Uno acaba haciéndose inmune a la belleza juvenil femenina. Hay tantas que ya no impresionan. Entre otras cosas porque hay otros problemas más inmediatos que andar detrás de las faldas de la pretenciosidad con ganas de aparecer en la última revista de tendencias. No sé hacia donde voy y a estas alturas he acabado por acostumbrarme. Como una parte de mi generación.

Por suerte parece que hemos dejado atrás ese cinismo noventero mal copiado de americanos tristes sin motivo con camisas de franela. Me encuentro con un conocido, me cuenta que viene de presentar unos dibujos a una editorial para un libro infantil. El tío es listo, sabe lo que hace y, aunque no le va mucho mejor que a mi, confío que acabe consiguiendo lo que le mola sin volverse imbécil. Por lo menos tiene actitud, que es lo poco que se puede exigir cuando naces sin padrino y sin chequera. Arrogancia bien entendida.

Abro el portal sorteando a unos turistas que se toman una gilipollez de batido en las escaleras. Saludo al portero con ademán adulto y me miro en el espejo del ascensor intentando averiguar que habrán visto los que se cruzaron conmigo. Entro en casa, meto las cuatro cosas de la bolsa en la nevera, un aparato que debió ser diseñado cuando aún se contemplaba el vapor como alternativa energética. Me enciendo un piti y me voy a seguir mirando por la ventana.

Si no me llaman de este curro, cosa que necesito de verdad, me da bastante igual. Estoy en un estado de letargo que se deriva de la ausencia real de poder ganarme la vida con nada de lo que sé hacer. Es lo que hay. O lo cambiamos, de arriba a bajo, tomando todo y dejando nada, o me adapto y me jodo, el tiempo que haga falta. No hemos venido aquí para llorar. Llorar está feo, a mi me lo enseñaron mis compañeros del cole a base de patadas.

Así que mientras que planifico mentalmente un par de cosas, entre ellas algo tan terrenal como la forma de hacer los noodles más apetecibles, pongo un single en el plato y dejo el maletín abierto para el siguiente. Me pongo una caña también, en un vaso apropiado que debí afanar de algún bar alguna de estas noches.

El tipo que canta lo hace sin miedo ni complejos, lo hace sin dudas ni elipsis, lo hace como hay que hacerlo. Y supongo que lo tuvo que tener jodido en un país donde, dependiendo del color de tu piel, el sueño democrático se tornaba en una tormenta de hostias por parte de la policía. Aquí pasaba lo mismo, aún teniendo todos la piel del mismo color. No había sueño democrático, y la gente, a la que le caían como panes, se quejaba menos y actuaba más.

Voy a elegir el siguiente. Nunca es momento de ponerse dramático mientras que suene soul en los altavoces.

martes, 4 de septiembre de 2012

Artículos en Grund



Desde la pasada semana tengo la suerte de escribir una entrada para Grund Magazine que aparecerá cada martes.

Grund es la palabra alemana para base, argumento, razón, motivo… Con este nombre, buscamos expresar lo que queremos, que GRUNDmagazine contenga “elementos fundamentales para la crítica” de la sociedad, de la cultura, de la economía, del arte…

Así definían sus editores, Salvador J. Tamayo y José Gallego Leal, este proyecto editorial antagonista que se edita en papel y en formato digital.

La columna semanal que realizo la podéis leer aquí.

Seguiré actualizando, no obstante, Días Asaigonados, con la irregularidad que nos ha caracterizado siempre.


jueves, 23 de agosto de 2012

Dexedrinas VII

Chanteuse - Jared Joslin - 2008

La mujer de entreguerras le condujo a un vórtice donde la belleza y la crueldad yacían seductoras.
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El burgués sonreía ante las ocurrencias del dadá de la misma forma que el paciente ante el dentista.
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La armadura leía desesperada a los existencialistas. No soportaba su vacío interior.
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Las puertas son el telón de la gente corriente.
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Cada cigarro que encendía era una ofrenda no atendida al patrón de la creatividad.
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Cuando se dio cuenta de que no era inmune a la estupidez ya no tuvo tiempo de pensarlo.
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Según se mire el Pantheon es la chepa de Notre Dame.
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Un pianista mecanógrafo. Redactaba con gran armonía.
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El segundero es el sable del Mariscal Desasosiego.
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El apolítico merendaba de las sobras del festín de la derecha.

lunes, 30 de julio de 2012

El mercado de arte frente a la vanguardia

Estudio dadá en azotea -  Rudolf  Schlichter -  1920


El mercado de arte frente a la vanguardia. Reflexiones apresuradas de una tarde de verano.


1.- La vanguardia se concibe como elemento de impacto, tiene la misión de epatar, de causar un sentimiento profundo en el que lo observa, escucha o lee. Tiene un objetivo. El arte mercantilizado carece de finalidad propia, existe como un valor de cambio, es por tanto prescindible por naturaleza desde el punto de vista de la creación humana. Si está en desacuerdo con el primer punto salga de esta página, o mejor, pruebe a cambiar el bodegón que heredó de su abuela por un billete de euro entre dos chinchetas.

2.- La vanguardia sólo se concibe en un momento y lugar determinados. No tiene naturaleza trascendente, por el contrario, su naturaleza es agotarse en su propia finalidad, en su culmen , es decir, en el impacto provocado. El arte como mercancía pretende perpetuarse, sino individualmente, sí como tendencia permanente.

3.-Si muchas vanguardias de hace cien años aún siguen expresando algo es porque no han sido superadas históricamente. Los posibles observadores situados en nuestro presente todavía siguen por detrás del momento intelectual que generó estas obras. 

4.-Es habitual que los medios hablen de entendidos en arte, o de que la gente, temerosa de su supuesta ignorancia, diga que no comprende la obra artística. El arte no necesita ser explicado, la obra debe valerse de si misma para provocar una reacción, sea la que sea. Si no lo consigue ha fracasado en su objetivo. La Vanguardia no necesita de expertos, el Guernica no requiere sesudos estudios, ni Un Perro Andaluz de largas explicaciones.

5.- Todo arte es deudor del mundo en que surge. El presunto arte dominado por el mercado es un perfecto vástago de nuestra realidad, sus creadores gente con una extraordinaria capacidad de adaptación.

6.- La vanguardia no requiere de intermediarios, su disfrute es libre y público y las reacciones que crea, o mejor dicho, cataliza, deben ser aceptadas sin más. El trash posmoderno viene con guias, se ciñe a convenciones, se piensa para lo privado y censura las reacciones adversas que provoca, tachándolas de incultura.

7.- Mercado y vanguardias son enemigos irreconciliables. El falso debate sobre que los creadores tienen que vivir de algo es una burda coartada en la que no vamos a entrar porque su sola mención nos ofende. Pretende ocultar que la única finalidad de este detritus estético es su valor de cambio, (carece del de uso), transformando a los creadores en artesanos bien remunerados, que elaboran productos con el único objetivo de su comercialización. He aquí el auténtico leit-motiv del problema que nos ocupa.

8.- La cantidad de parásitos que zumban alrededor de la montaña de basura es espeluznante. Comisarios, tecnoartístas, representantes, starlettes, subasteros, clientes. Sí, clientes, ellos tampoco se salvan. Pueden ser acusados de mal gusto, pero no de estupidez. Ellos son quienes comprenden mejor que nadie la trama. Compran arte como compran acciones en la bolsa, esperando adquirir barato para luego vender caro.

9.- De el anterior punto se extrae la explicación, incomprensible para la mayoría, de como un montón de mierda puede valer un millón de euros. Especulación, palabra que a estas alturas de la película, querido-lector-hipotecado-a-cincuenta-años le debería ya sonar. La diferencia es que usted no puede vender la casa, porque hay muchas y no hay compradores. Ni dinero, ni vergüenza.

10.- Por eso, si ha leído los nueve puntos anteriores, comprenderá porque usted, ni yo, ni Joaquín, el camarero que le sirve la cañas, podemos exponer en ferias. No es porque nos falte el talento, sino porque es necesario mantener el coto cerrado para que el valor de los objetos no baje. Además, los hijos de la pequeña burguesía progresista (disculpen el oxímoron) necesitan ocuparse en algo y, casualmente, nunca tienen inclinaciones hacia el noble arte de la cajera de súper o el teleoperador esforzado.

11.- Y sí, la anécdota de que en la TATE una limpiadora tiró a la basura una obra, confundiéndola, o mejor dicho, interpretándola como lo que era, un detrito, es cierta. Las trabajadoras de la limpieza de las ferias de arte son la única vanguardia auténtica, real y sincera que ustedes encontrarán allí.

miércoles, 25 de julio de 2012

Dexedrinas VI

Georg Schrimpf - Martha - 1925

Dejó de prestar atención a las palabras, los recuerdos subyacían entre las líneas.
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Las mentiras se hicieron tan densas que ni la realidad podía escapar de ellas.
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El mariscal contemplaba a su ejército en retirada. Ensució sus brillantes botas con sagacidad.
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El césped de piscina, visto a ras de suelo, es toda la jungla que se permite el veraneante.
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El camión de la basura es el ogro que devora nuestros excesos, el Cronos que se encarga de que todo parezca volver a la normalidad.
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El buzón estaba vacío. Contenía todo el desprecio de un mundo absurdo y hostil.
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La memoria de Madrid se esfumaba al ritmo que desaparecían las macetas de los balcones.
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Su femineidad me golpeó con la fuerza del aire que desplazaron sus pestañas al cerrarse.
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Los tejados de tejas rojas son las cuentas perdidas de los collares de entreguerras.
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¿Sabe dónde termina el campo de golf? Justo allí da comienzo la realidad.

martes, 24 de julio de 2012

De cómo Batman se hizo neocón.


Un sistema desigual e injusto no sólo necesita una permanente justificación moral, ideológica y económica, también requiere una narrativa continua que sustente su normalidad, el inalterable estado de cosas que permite su funcionamiento. El cine ha sido desde sus comienzos parte de esta narrativa, un arma ideológica de transmisión de valores y sentencias. 

Batman, el caballero oscuro: la leyenda renace es una película de reciente estreno firmada por C. Nolan, que pone fin a la trilogía rodada por este director. Sus virtudes estéticas han sido notables, transportando a este héroe a un mundo actual, despojándole del colorido pop de anteriores adaptaciones, pero también incluyéndole en un escenario de contradicciones reales.

Toda narración, hasta la que no lo pretende, es ideológica. Siempre se toma partido frente a la realidad de una u otra forma. En determinadas ocasiones esta política de contar es imperceptible: el autor deja el sello de sus opiniones, de las suyas o las que están a su alrededor y ha interiorizado, sin que él mismo incluso se de cuenta. En este caso, en una película de producción multimillonaria y con una audiencia masiva estimada, esta claro que no es así.

Se ha optado por el adoctrinamiento de brocha gorda. Un tamaño de pincel que sin duda variará dependiendo del espectador y su capacidad crítica, pero que está enfocado y dirigido, notablemente, a expresar la siguiente idea:

Aunque el mundo en el que vivamos esté lleno de fallos y desigualdades, de corrupción y problemas, los ciudadanos nunca deben iniciar una revolución. Esta sólo conducirá a la tiranía y al caos. Es más, los trabajadores son incapaces de gestionar nada sin la élites que los dominan, el statu quo, por injusto que sea, es la única garantía de paz, progreso y democracia.

¿Cómo demonios Batman ha acabado con una chapita del Tea Party en su musculoso torso?

Para los que no lo conozcan (gente que ha estado en un refugio nuclear los últimos 70 años) Batman es la identidad en la que se oculta Bruce Wayne, un millonario de apariencia despreocupada pero con un interés filantrópico admirable, que decide combatir el crimen a raíz de perder a sus padres en un atraco cuando era un niño. Normalmente se presenta una lucha entre el bien/mal de una forma generalista y a lo sumo, el problema de que tenga que ser un héroe enmascarado, y no los propios poderes públicos, el que meta a los malos entre rejas. En esta película se da un paso más allá situando las andanzas del justiciero en un nivel mucho más concreto y próximo.

El villano, Bane, un tipo extranjero de aspecto temible, asalta la bolsa, un émulo de Wall Street. No lo hace solo, los secuaces son individuos disfrazados de trabajadores manuales: electricistas, repartidores, chicos del café... La justificación de guión es lo de menos, se nos coloca en la posición de ver como el Mal toma como enemigo el epicentro más conocido del poder financiero.

De forma más o menos sutil se nos dan clases de economía neoliberal. Las empresas de Wayne no van bien, y todo porque el millonario ha decidido invertir en un sistema de fusión fría, concepto de energía teóricamente ilimitado y no contaminante. El problema acarreado es que el millonario ya no puede ejercer su labor filantrópica y tiene que cortar los fondos que financian un orfanato. Es decir, cuando la economía va bien, el dinero permea a toda la sociedad, incluso a los más desfavorecidos, cuando no, los pobres niños huérfanos lo pagan. El dogma capitalista más repetido de la historia.

Antes de que empiece la acción otro de los personajes, Cat Woman, una ladrona que sólo roba a los ricos pero cuyo deseo es dejar de hacerlo, le dice al millonario enmascarado: "Hay una tormenta avecinándose Sr. Wayne, y usted y sus mejores amigos harían bien en cerrar las escotillas. Porque cuando llegue se van a preguntar cómo pudieron vivir a lo grande dejando tan poco para los demás". La frase, grandiosa, encierra el rencor de todos los desfavorecidos hacía el 1%. No obstante, luego, se mostrarán las consecuencias de mirar tan mal a las señoras de estola y a los caballeros con monóculo.

El tipo malvado cargado de esteroides ejecuta su plan. Deja a la ciudad aislada del mundo exterior conminando a los ciudadanos que hagan lo que quieran con ella. Sólo pone como condición que si hay interferencias externas hará detonar el núcleo de fusión fría como una bomba nuclear. Aquí, además de dejarnos claro que el petroleo no es tan malo, se nos plantea el inicio de la revolución desde la perspectiva burguesa. Los cambios se producen por una conspiración encabezada por un mesías rojo malvado, un Lenin  posmoderno, que entrega al pueblo una falsa libertad, que este, por supuesto, empleará mal.

Es en este punto cuando comienza la orgía neocón, cuando la película se transforma en un alegato descarado y, todo hay que decirlo, deja de ser interesante hasta como cinta de entretenimiento.

Se suceden imágenes de saqueos en mansiones, de rapiña y destrucción. Gentiles pro-hombres arrastrados por el suelo y despojados de sus posesiones, hogueras, muchas hogueras, y chicos con rastas y capucha enarbolando kalashnikovs por el centro de Gotham/Manhattan. Una nueva reconstrucción a la reaccionaria de su mayor temor: la toma del Palacio de Invierno.

Cat Woman, la ladrona buena (en todos los sentidos), mira una foto de una familia feliz en una casa señorial hecha añicos. Se da cuenta de que quizá las cosas no van por donde debieran ir. Esta casa era de alguien, le comenta a una amiga (prostituta y presumiblemente drogadicta) a lo que esta responde, ahora es la casa de todos. Ergo, las pretensiones de igualdad conducen a la destrucción de la civilización, otra interpretación populista, recurrente y derechista del fin de la propiedad privada (de los medios de producción).

Se constituyen tribunales populares, donde el juez es un psicópata de anteriores entregas de la saga, en los que no hay ningún tipo de garantías judiciales y se condena a todo acusado a una muerte segura.  Estéticamente incluso, esta escena, está inspirada en los cuadros que retratan el periodo jacobino en la Revolución Francesa.

Por último, antes de que el héroe salve a la ciudad de sí misma y de los conspiradores, se nos deja bien claro que el único reducto de resistencia ante el Mal (obsérvese de nuevo el desplazamiento de términos) ha sido la policía y el consejo de administración de la multinacional de Wayne. Es decir, la única institución que nos interesa de lo público es la coercitiva, e, incluso en los peores momentos, es la iniciativa privada, las grandes empresas y sus ejecutivos, los que mantienen el mundo funcionando.

Casi tres horas de entretenimiento, de ocupación del tiempo libre de los espectadores, salpicados de una forma grotesca por una narrativa reaccionaria camuflada, con mayor o menor fortuna, en un fuego de artificio magnífico. Un ejercicio de adoctrinamiento que será deglutido por millones de personas al ritmo de consumo de sus palomitas, y que dejará la misma sensación pegajosa en sus cabezas que el aperitivo en sus dedos.


miércoles, 27 de junio de 2012

Moonrise Kingdom de Wes Anderson


Moonrise Kingdom es la última película de Wes Anderson, personaje adorado que se ha convertido en director fetiche para una minoría creciente de seguidores, que quedan atrapados desde que ven alguna de sus historias. La acción se sitúa en el verano de 1965, en unas islas de la costa de Nueva Inglaterra, donde un par de críos, después de un encuentro casual cercano a la epifanía, deciden que se quieren, y que harán todo lo posible por estar juntos.

Cada película es un mundo en si misma, en el caso de Wes Anderson un mundo de vasos comunicantes en el que los personajes y tramas podrían solaparse perfectamente. De ahí que la comparación surja sola. Moonrise Kingdom no son los Temenbauns ni Daarjeling, es más pausada, extrañamente crepuscular, con la mirada puesta no en adultos con espíritu de niño sino en niños con espíritu de adulto. Suena Françoise Hardy, no los Kinks ni los Creation. Tan buena como las otras pero diferente.

Diferente y a la vez igual, siguiendo los mismos puntos por los que transita la obra de un director con un mundo tan concreto y personal.

#1.- Estetica: Un momento que va de mitad de los sesenta hasta un punto extrañamente atemporal, que puede ser ahora, pero nunca sin abandonar los patrones de telas sintéticas, gafas de la costa azul o abrigos de cuellos estupendos. Es un recuerdo vivo que prescinde de la nostalgia pegajosa, para quedarse con lo mejor de una época en la que en determinadas partes del mundo se vivió no sólo bien, sino con estilo, cuando la música molaba y se escuchaba en pick-up y los zapatos eran de dos colores. Podría contar lo mismo pintándolo con otros colores, pero sería mucho menos atractivo.

#2.- Excentricidad: El niño de Moonrise Kingdom es como Jarvis Cocker en pequeño. Aquí no hablamos de tipos raros porque sí, de mequetrefes escuchimizados que se asustan a las primeras de cambio, de gente que saca fotos a sus pies porque no sabe/no tiene otra cosa mejor que hacer. Aquí quien aparece es gente que acepta su extrañeza respecto al mundo y construye una personalidad que le sirve como escudo y lanza frente a la vulgaridad triunfante. Exigimos el derecho a ser diferentes.

#3.- Familia: Ese grupo humano que nos atormenta y horroriza, pero que a la vez amamos y creemos imprescindible para vivir. Familias del todo anormales, relojes escacharrados que sin embargo funcionan y hasta, dos veces al día, dan la hora bien. Una madre a la que le expresamos nuestro odio mientras que nos lava la espalda con cuidado y nos devuelve una sonrisa, un marido tan aburrido y consumido por la normalidad que sale a talar árboles con una copa de vino en plena noche, previa comunicación a sus hijos (enorme Bill Murray). Puede que nuestra familia no sea la mejor del mundo, pero la queremos y necesitamos, al final son ellos quienes siempre están ahí.

#4.- Teatralidad: Las películas de Wes Anderson son como un juguete de hojalata con engranajes, preciosismo de miniatura, de figurita móvil en un Belén. Parece que se construyen con pegamento y pinzas, un decorado teatral magnífico, como el que soñábamos cuando éramos niños que el de la función del cole debería de ser. Es una antítesis de lo que cuenta, y es maravillosa.

#5.- Realismo: Porque esa antítesis consiste precisamente en rodear todo de un barniz imaginario para hablarnos de los arquetipos más reales e incluso dolorosos. La culpa y la forma de pagarla, la soledad y la búsqueda de los pares, la hora cercana de la muerte, el despertar ante la vida.

#6.- Objetivos: La vida sería un devenir infumable sin objetivos ni metas. Y para estos personajes no hay montaña lo suficientemente alta ni río lo suficientemente ancho que les impidan conseguirlos. Se puede fallar, llegar a un punto que no esperábamos, acabar en la cárcel o en un manicomio. Pero nunca negar la aventura de luchar por lo que queremos.

#7.- Amor: Y qué es lo que queremos. Pues desde esa camarera de motel de carretera, que nos deja extasiados mientras que hace las camas, hasta esta niña con ojos maravillosos, pasando por la madre que espera en la India. Las queremos a ellas. Y lo hacemos sin esperar contrapartidas, de la única forma sensata que se puede querer a alguien, dando todo por estar junto esa persona.

lunes, 25 de junio de 2012

Hannah Höch y sus reconstrucciones

H.H. con sus Muñecas, alrededor de 1920


#1. Reconstrucción de la Normalidad.


La Normalidad como categoría, el devenir esperado de las cosas y las personas por el camino socialmente establecido. Höch tenía todo de su parte para haber transitado por las vías de la convención, esas que llevan a ser absorbidos como un número en la gigantesca cuenta de resultados de la historia. Hija de la pequeña burguesía de un pueblo del estado de Turingia, su padre trabajaba para una compañía de seguros, siendo la  mayor de cinco hermanos, lo que equivalía a ser la madre suplente de los mismos. Estudios artísticos y de artesanía que la llevan a trabajar en revistas de moda femenina. Podría haber sido una respetable mujer casada con profesión propia hasta que llegara la propia descendencia. Pero no.

Hannah Höch es zarandeada por la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, quizá del mismo modo que lo es su país, Alemania. Un adiós momentáneo al Reich y al emperador, al sueño del expansionismo ahogado en el barro del Somme y el gas de Verdún. Una pequeña ciudad de su estado, Weimar, toma un protagonismo histórico inesperado unos pocos años antes. Ella, como la ciudad, dirige sus capacidades artísticas hacía un lugar no previsto, fuera del alcance de damas berlinesas y señoras de provincias.

Hannah Höch ha cambiado su vida para siempre, ha elegido la senda no prevista.



#2. Reconstrucción de la vanguardia.


Höch se cruza por primera vez con Raoul Hausmann en 1915. Ideólogo principal del grupo Dadá de Berlín, posiblemente el más activo artística y políticamente. Su adscripción al grupo es completa en 1919, su amistad se ha transformado en una relación, del tipo que pudiera ser con alguien como Hausmman.

El grupo berlinés se enfrentó contra el convencionalismo del arte y su separación de la política y la vida, contra la reacción alemana y contra los que querían hacer de Weimar un cambio superfluo para que no cambiara nada. Un enfrentamiento constante hasta entre ellos, todos hombres con egos a la altura de su talento. Höch podía haber sido la pincelada colorista, el toque casualmente femenino, la anécdota llamada mujer. Pero no.

H.H. se destapó como una artista total que supo aprovechar su trabajo en revistas de moda para realizar uno de los primeros ejemplos de reapropiación, utilizando a las mujeres que decoraban las páginas como elementos de choque a los que se otorgaba un nuevo significado en sus collages. Creó obras tan significativas para el movimiento (y de nombres tan angulosos) como Corte con el cuchillo de cocina Dadá a través de la última época cultural de barriga cervecera de Weimar, fotomontaje que resume, asunto  nada fácil, las perspectivas estéticas, teóricas y políticas de este grupo, pero también su posición dentro de él. Höch se convirtió en contra de toda la inercia de la sociedad patriarcal, incluso dentro de la vanguardia cultural, en una artista independiente. Pese a compartir con su compañero, Haussmann, el siempre discutido paternalismo del fotomontaje , pese a sus múltiples e importantes obras expuestas en las muestras del Club Dadá, algunos no dejaron de considerarla como un mero apéndice, la chica que servía los bocadillos y la cerveza.

Corte con el cuchillo de cocina Dadá..., 1919.

3.- Reconstrucción de la identidad.


Höch sería también parte del Grupo de Noviembre, un conjunto de artistas, que aunque no compartían rasgos comunes, pretendieron reorganizar el arte para apoyar a la revolución alemana de 1918, acontecimiento histórico tan importante como olvidado, que de triunfar, hubiera cambiado toda la historia del S.XX., y donde fue asesinada otra mujer que comandó la insurrección, Rosa Luxemburgo.

Hannah Höch comienza una relación en 1926 con la escritora Til Brugman. Profundiza, además de en su ideario artístico y político, en su faceta feminista. La mujer no era (entonces y ahora) considerada totalmente una persona, no tenía control sobre su vida, ni sobre su cuerpo, transformado por exigencias del varón y del mercado. Está al lado de las mujeres que rompían sus roles de género. Sus trabajos giran hacia la androginia y la bisexualidad.

Höch asume no solamente la redefinición de género, sino también la de la propia iconografía nacional, incluyendo elementos asiáticos y africanos en sus reconstrucciones de cuerpos humanos.

Un paso más en una carrera de una mujer libre, izquierdista, feminista y no nacionalista, cuyo arte fue obviamente prohibido dentro de Alemania a partir de 1933.

Las reconstrucciones de Hanna Höch, los cambios de dirección imprevistos, un salto constante por encima de los letreros y las etiquetas que nos dicen por dónde tenemos que ir, como debemos ser, que lugar nos corresponde.

martes, 19 de junio de 2012

Deuca Tuco #19

Portada del DT19 por Mik Baro

Ya está en la calle el número 19 del mítico e inigualable fanzine Deuca Tuco, publicación que el Escúter Club Segovia lleva elaborando desde, atentos, el año 1994.

Y tuvieron la amabilidad de acordarse del tipo que escribe esto para hacerle unas preguntas acerca de la vida y el arte, comentar De derrotas y victorias (nunca ochenta y pico páginas dieron para tanto, ¡qué vago soy, pardiez!) y proponerme que escribiera un relato, titulado El reencuentro.

Además podrán también deleitarse con:


Doble Overtura: "Segovia y Nueva Segovia" / "Jimmy Cooper que estás en los cielos" / Entrevista a Juanito Wau, del conjunto Wau y los Arghgs!! / Colaboración: Humor y Barbarie, por Kiko Amat / The Style Counsel ( La Francis te aconseja como triunfar en sociedad): At the party / Cine: dossier cine erótico español, por Galactus, enviado especial desde Mondo Brutto / Cara a cara "Mik Varo vs Mr. Bratto" / Historietas: Pasado, presente y futuro, por Festus / Pasatiempos : juego de las diferencias / Mini relato: Lo mejor está por llegar, por Carlos Rod / Plataforma Anti-Deuca Tuco / Noticias breves y de última hora, greguerías musicales, viajes, etc.


Disponen de mil copias antes de que se acabe, y las pueden encontrar en Madrid en Chopper Monster, Up Beat, Munster, Weirdo, Siroco, La vía Lactea, Madrid Comics, Vinos y Viandas, en León en Electra, en Valencia en Dicos Oldies y en Cleo Gijón. Seguro que en mogollón de sitios más también.


Nada más, agradecer el espacio, decirles que me hace una ilusión tremenda y desear al Deuca Tuco una larga vida.

jueves, 14 de junio de 2012

Dexedrinas V

Langweilige puppen, Jeanne Mammen, 1929

Eran cínicas, displicentes y superficiales, terriblemente atractivas. Una trágica femineidad incapaz de separar sus polos magnéticos.
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El jardinero cuidaba las plantas con dedicación, especialmente a aquella extraña flor. Le recordaba a la mujer que nunca tuvo.
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Le pidió prestada su mirada. La necesitaba para vencer a la realidad.
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Acercó su oído al reloj de arena y pudo oír al tiempo desprendiéndose como grandes rocas de una montaña.
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Los calcetines tirados en el suelo al acabar el día son las mudas de piel de serpiente de la cotidianeidad.
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La lámpara permaneció encendida cuando ellos se marcharon. Iluminaba todo aquello que no pudo ser.
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La crisis era tan grave que en los canales infantiles sólo programaban dibujos de George Grosz.
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Una cámara sin objetivo. Además de sacar las imágenes desenfocadas carecía de ambiciones.
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El tiovivo es como la vida, una persecución implacable destinada al fracaso.
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Los mineros custodiaron nuestra dignidad bajo la tierra. La hicieron brotar cuando más falta hacía.

martes, 12 de junio de 2012

Irredento, de Álex Portero Ortigosa


Irredento
Álex Portero Ortigosa
Ediciones Endymion
Madrid, 2011
9788477315186
10€


PROFETA

-I-

Espectros con repugnantes barbas de cartón
habitan el campo de batalla de la ciudad.
Guerreros ciegos guiados por un estandarte alcohólico, hediondo,
libran batallas traidoras contra el aire,
se dejan la vida olvidada al pie de las farolas
creyendo que son jaulas que guardan fuegos fatuos.
Pequeños templetes de obscenidad.

-II-

Soy el bardo de la perdición,
el maldito trovador de horrible rostro y voz metálica
que aúlla bajo las ventanas de los prostíbulos,
creyendo que el amor cortés aún es posible,
aunque los protagonistas de mis baladas son seres grotescos.
Trato de encontrar la belleza bajo las costras,
el orgasmo que habita en el interior
de cada muestra extrema de dolor.

-III-

Cuando todas las luces se apagan,
al echarse a dormir los perdedores,
una sombra cojitranca deambula por las calles desiertas,
susurra canciones sin sentido en lenguas macabras,
las acompaña tañendo una lira
armada con restos de jeringuillas.
Escuchad, niños, el sonido de la corrupción humana,
montañas de tuétanos se retuercen de asco,
vísceras hinchadas, acomodadas ya al sepulcro sillón
gritando a coro su vergüenza.

-IV-

Seguiré entonando pesadillas
con la mayor inquina que pueda
Hasta que pidáis clemencia de rodillas,
y asustados de vosotros mismos,
abandonéis esta tierra miserable.

jueves, 24 de mayo de 2012

Dexedrinas IV

Eisenstaedt, Niños mirando marionetas.

Un árbitro licenciado en psicología, cree fervientemente en el refuerzo positivo. Lleva una tarjeta verde y la muestra constantemente cuando el partido transcurre con normalidad. Ni el publico ni los jugadores entienden nada.
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El vagabundo se puso sus mejores harapos, se acomodó en sus cartones más mullidos, incluso abrió un vino de dos euros.
- Qué haces? - Le preguntó intrigado su compañero.
- Ven a mi lado - le dijo golpeando con la palma el sitio libre, sonriendo sereno - Ahora nos toca ver a nosotros como se hunde el país. 
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Con ella las consideraciones y la reflexión tenían poca importancia. Un abrazo suyo, un beso en el momento más inesperado y toda argumentación quedaba reducida a la nada, a papelillos rotos perdiéndose en un río.
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El ebook del futuro inmediato. Con un estupendo filtro de serie que eliminará esos molestos pasajes subversivos, esas incómodas frases pornográficas, incluso los desgraciados finales tristes. 
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Un viejo cirujano de guerra siente algo especial. En sus clases de informática en el asilo le enseñan el comando ctrl-x. 
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Los cojines que yacían en el sofá mostraban orgullosos a la luz de la tarde los abrazos de la noche anterior.
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Su charla intrascendente se convirtió en filtreo cuando sus miradas se descubrieron cartografiando sus cuerpos.
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Después de acostarse con él, ella abandono para siempre el pret-a-porter. Había descubierto la ropa hecha a medida.
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Buscamos los finales de comedia romántica inglesa, pero a menudo encontramos los de las series españolas costumbristas.
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Con cada golpe de su bastón al andar la anciana demostraba al mundo el descontento por su vida pasada.
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Controlaba sus ataques de ansiedad arrojando trocitos de bollo a las hormigas. Era un relevante político socialdemócrata retirado.
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El borracho es el anarquista del equilibrio. 
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Los pósters que el adolescente colocaba en su habitación eran la puerta a conversaciones con amantes que nunca llegarían. De mayor se hizo decorador minimalista.
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Los zapatos que no nos ponemos son como barcas pudriéndose en el puerto.
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Las cacerolas dejaron de ser utensilios de cocina para convertirse en instrumentos de la orquesta de música de la indignación.

jueves, 26 de abril de 2012

Dexedrinas III

Epaules de Vera Broïdo, por Raoul Hausmann, 1930


A veces nos intentamos refugiar en la belleza, otras es ella quien nos encuentra a nosotros, dejándonos absortos, suspendidos, en un instante perpetuo de admiración.
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Echamos el café hirviendo en una taza partida, nos damos cuenta cuando estamos abrasados.
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Un anciano, mutilado de guerra. De jóven trabajó en una feria dando miedo a los niños. Colecciona, desde hace unos años, libros con errores de impresión. No los lee, sólo los mira en silencio.
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El presente es un actor protagonista que se queda fuera de plano con el recuerdo.
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Un productor de cine porno, retirado, casi anciano. Guarda debajo del colchón, en una de esas costumbres arrastradas de la adolescencia, catálogos de ropa femenina de invierno.
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Un compositor de frustraciones. Como notas utilizaba deseos incumplidos.
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Las flores son las prostitutas de la naturaleza.
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Un señor coloca furtivamente unas cámaras web en los ojos de un Cristo. Cada día se sienta y observa desde su casa, pero sólo unos momentos. Atisba el enorme peso que significa ser el hijo de un dios.
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El mono grita lleno de ira dentro de su jaula. Los visitantes le observaban displicentes, con una condescendencia salvaje.
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La incertidumbre era tan grande que incluso los segundos dudaban si salir del reloj.


lunes, 23 de abril de 2012

Trilobites de Breece D´J Pancake

Trilobites
Breece D´J Pancake
Ediciones Alpha Decay
Traducción Albert Fuentes
Barcelona 2012
9788492837373
21€

"Miro como juega el ganado. Deben venir lluvias. Siempre vienen cuando el ganado juega. A veces sus juegos llaman a la nieve, pero casi siempre es la lluvia lo que viene. Cuando papá me atizó de lo lindo con esa serpiente negra, la colgó de una valla. Pero no llovió. El ganado no estaba jugando y no vinieron las lluvias, pero no abrí la boca. Ya había tenido bastante con la serpiente y no quería que me diera con el cinturón."


Este libro de cuentos es un tratado de sentimientos, de frustraciones y esperanzas. Es un compendio de miedos, de huidas y regresos. Es la forma en la que un escritor de veintipocos años echó todo lo que tenía a través de la descripción de Virginia Occidental y sus habitantes a finales de los años setenta, a través de lo que conocía y vivía, a través de la verdad.

Breece Dexter John Pancake publicó sólo seis relatos en la revista The Atlantic Monthly antes de suicidarse en abril de 1979. Su único libro, una recopilación de sus cuentos, apareció póstumamente en 1983.

Un libro en el que aparecen personas abnegadas a su suerte, ancladas a la tierra de montañas y granjas donde pasan sus días en una aparente calma, en un precario equilibrio que parece dispuesto a romperse en cualquier momento, desatando tempestades capaces de quebrar cualquier entendimiento.

Gente que vive en una latente y tranquila desesperación, contemplando una calle lluviosa y oscura, sabiendo de antemano que sus acciones no les van a aportar un mínimo de tranquilidad, un momento de respiro. Incapaces de no plegarse a su destino pese a conocerlo, a intuirlo.

Chicos con la esperanza de la huida imposible a cualquier parte donde ocurra algo, donde exista una posibilidad de futuro. Una huida conduciendo su coche, algo más que una máquina en este lugar. El coche no es simplemente un (bien) utilitario, es la independencia, la ficticia madurez, la llave de la celda. Los trenes ya no aminoran al paso por el pueblo, como en la gran depresión, cuando tu padre saltó dentro del vagón viendo los ojos de los otros yardbirds en la oscuridad. Los trenes van demasiado rápido para siquiera pensar en cogerlos.

Sin embargo nunca se va demasiado rápido para escapar del pasado. El pasado es, en estas historias, un juez implacable, una bestia que acecha agazapada, durante años. El pasado es un cazador que no hierra el disparo, que guarda silencio y solo lo oyes cuando la acometida es imparable. Debió ser difícil vivir en un sitio con un presente tan recortado. Y tan violento.

La violencia en todos sus tipos, formas y manifestaciones, desde los puñetazos que revientan ojos hasta las palabras que destruyen conciencias, que aplastan dignidades y machacan un desconocido orgullo. La violencia de quien emprendió el viaje a la locura en guerras lejanas y de quien observa hierático y frío el llanto entrecortado de un padre con un pie en la tumba.

Y el espacio del que regresa sólo para volver a marcharse, rompiendo el tiempo, buscando una redención imposible, salvo quizá en un brazo que ayuda a levantarse de entre las cenizas, de entre el carbón arrancado de la tierra, una tierra a la que indefectiblemente habrá que volver.

Y todo sin la complacencia de quien observa desde la ciudad, desde el mundo exterior. De quien coge a los tipos del campo y les coloca como piezas en su particular teatro, con maldad o condescendencia, ambas igual de asquerosas. Todo esto desde una naturalidad que estremece, que asusta, pero que hace de todas y cada una de las historias unas narraciones honradas, creíbles y sinceras.

Y esa es, al fin y al cabo, la única forma en la que se debería escribir.




jueves, 12 de abril de 2012

Rosa Rolando detiene el presente

Rosa Rolando, por Man Ray, París, 1928.

Pasaba las horas tristes de privación asalariada de libertad. Pasaba las horas colocando libros como ladrillos, materia de sueños llevada a la nada por repetición, convertida en polvo, reducida a cero.

Y apareció ella, fotografía de portada. Asiendo fuerte el ejemplar entre mis manos dejé mis ojos sobre la imagen, obvié todo por unos segundos. Segundos transformados en minutos, horas, días de contemplación reverencial ante el eterno femenino, ante el arquetipo de la vida, ante la belleza hecha carne.

Carentes de palabras ante la esencia de la mujer, deseos irrenunciables, pálpito de vida en tan solo un trozo de papel.

Todo lo que era deja de ser: el hastío, el cansancio, el absurdo cotidiano. Y siento la sangre caliente en mis venas.

Mi boca se acerca a su cuello, por detrás, la muerdo con todas mis fuerzas sin hacerla daño. Porque a una mujer así no se la puede hacer daño.

Maravilla mejicana rasgando el espacio y el tiempo. Un recuerdo poderoso de que las cosas fueron sinceras y reales, mucho más de lo que nunca podrán aspirar a ser hoy.

martes, 27 de marzo de 2012

La Huelga


Laura trabaja en un almacén de pinturas, en uno de los polígonos más grandes de Europa. Tiene un crío y una hipoteca a cuarenta años, por un chalet adosado en una zona residencial del sur de Madrid. Su marido, Juan,  está en paro, trabajaba instalando aires acondicionados. Lleva un año y pico con el agua al cuello, en todo. Tuvo una discusión fuerte con Juan hace unos meses, él se fue a casa de sus padres porque no aceptaba la nueva situación. Volvió al cabo de dos semanas. Laura fue con su madre a ver a la trabajadora social, para solicitar una ayuda (los pañales valen muy caros). No se la concedieron, hay gente peor que ella. Laura vio ese día a unas sudamericanas en la sala de espera del centro de servicios sociales, desde entonces habla en monosílabos con una compañera ecuatoriana del almacén. No hará la huelga, ha oído en la tele que los sindicatos se llevan mucho dinero del estado y convocan la protesta porque el gobierno se lo ha quitado.

Gonzalo es de Mieres, pero vive en Madrid porque allí, literalmente, no había trabajo. Comparte piso en el centro con un par de amigos que conoció en el rollo nocturno: bares, niñas y esa música llamada rock & roll. Es licenciado en periodismo pero ha hecho de todo menos la calle. Desde hace seis meses curra en una revista ocho horas, oficiales, por 650 pavos. Está en un periodo de prueba perpetuo. Quiere hacer la huelga pero le da miedo de perder el primer empleo que ha conseguido de lo suyo. Sospecha que en la próxima renovación  sus jefes podrían no contar con él.

Esteban tiene 55 años y cobra una pensión por discapacidad. De joven fue militante de la ORT. Recuerda perfectamente los momentos en los que visualizar el cambio, el de verdad, aún era posible. Recuerda a Gloria, la chica de pelo negro y sonrisa preciosa que conoció en el partido. Recuerda la juventud efervescente, las pocas alegrías por los escasos triunfos. También se acuerda del desencanto, de como todo se fue vaporizando, y un día, ya no quedaba casi nada. A Esteban le metieron una paliza en comisaria, en el año 81. Su caso apareció brevemente en algunos periódicos generalistas, estuvo meando sangre una semana, y aunque Esteban no es médico, cree intuir que los problemas de salud que tiene ahora empezaron entonces. Esteban no puede hacer ninguna huelga, pero irá de cabeza a la manifestación, aunque crea que los lideres sindicales son más flojos que la gaseosa. Sabe que el movimiento se demuestra andando, sabe lo que nos jugamos. Gloria también irá, llevan viviendo juntos desde entonces, y ella sigue conservando esa sonrisa tan bonita, a pesar de todo.

Arturo es consultor en una empresa financiera. Desde que ha estallado la crisis tiene más trabajo que nunca, ha doblado su sueldo. Por supuesto no hará la huelga. Comentaba con unos amigos en una cena que organizó su mujer para celebrar su cumpleaños (tiene 45, pero va al gimnasio y aparenta menos), que había que prohibir por ley que cuatro vagos que viven de las subvenciones se dedicaran a ejercer la violencia y a imponer sus opiniones a los demás. Eso no se puede consentir en una democracia moderna. Con cuatro copas de más sus amigos y él subieron algo el tono de la conversación, sus mujeres, divertidas y aparentemente contrariadas, hicieron que cambiaran de tema.

Altagracia es dominicana, cuida a unos ancianos en una residencia. Cuando vuelve a su país su familia la trata con un cariño atenuado y los antiguos amigos casi con reservas. Fue de las primeras en llegar, a principios de los noventa, está separada y sus hijos no hablan, ni visten, ni piensan como ella, pero les quiere igual. Altagracia quiere hacer la huelga. En las primeras que vivió todo le sonaba extraño, hasta que una compañera de la residencia, delegada sindical, le contó de que iba todo esto. Y Altagracia pensó que aquella compañera que pasaba con ella tantas horas quitando y poniendo pañales, tenía razón en lo que decía. Doña Concha, la directora de la residencia las hizo pasar a su despacho, una a una. Les dijo que ya sabían lo que había, que a la que se le ocurriera faltar la echaba a la puta calle, y lo dijo así, tocando una inmensa pila de curriculums que había colocado sobre la mesa. Altagracia la miraba, pero los ojos se le iban a una foto en un marco dorado, donde sale Doña Concha con el Papa.

Eulogio es taxista y a él no le dice nadie cuando trabajar y cuando no. Además él tiene lo que tiene porque se lo ha ganado y nadie le ha ayudado nunca, no te jode. Hoy por poco se ha llevado a una moto por delante. La puta culpa la ha tenido el de la moto, y el gilipollas ese de Fermín, también taxista, con el que por poco ha salido a hostias hablando del asunto, mientras que comían el bocadillo en el bar. No comprende como puede hacerse llamar compañero un tío así. 

Alba es administrativa en una productora de televisión. Tiene contrato fijo, pero en el último año han caído cuatro de sus compañeros, gente con la que llevaba trabajando diez años, gente que ya eran sus amigos. Alba tiene una hija, primero la lleva al colegio y luego coge el metro, se sabe las paradas de memoria. Tiene miedo por ella: si este trabajo se le va está en una edad peligrosa, 41, siendo mujer y madre, para volver a trabajar. En lo suyo o en lo que sea. Pero sobre todo tiene miedo por su hija. Por eso hará la huelga, más convencida que nunca.

Y el que escribe esto les pide, les conmina, a que vayan a la Huelga General el 29 de Marzo (Y actualiazamos, el 14 DE NOVIEMBRE). Y lo hace sin ninguna humildad, porque con humildad no se va a ninguna parte, pero sobre todo porque está absolutamente convencido de ello. Porque esta reforma laboral es la destrucción de los derechos laborales más básicos, eso que costó años y generaciones ganar, arrancar a los de arriba. Porque esta crisis fue provocada (premeditadamente) por las grandes corporaciones financieras para destruir, del todo, eso llamado democracia, por muy de baja intensidad que ya fuera. Porque esta reforma laboral no va a crear empleo, al contrario, está pensada para destruirlo, para convertirnos, aún más, en un elemento sacrificable de la producción. Y porque, joder, lo único que nos puede pasar es que perdamos, y a eso, a eso, ya estamos sobradamente acostumbrados. 


Imaginen si ganamos...

lunes, 27 de febrero de 2012

La suerte de Jim de Kingsley Amis

La suerte de Jim
Kingsley Amis
Editorial Destino
Traducción José Manuel Benítez Ariza
Barcelona 2007
9788423339471
19€


"Unos pocos segundos más le bastaron a Dixon para percibir cuanto había que percibir de esta chica: la combinación de cabello rubio, lacio y corto, y ojos marones; los labios sin pintar, la estricta disposición de la boca y los hombros rectos, los pechos grandes y la cintura estrecha, la premeditada sencillez de la falda de pana color vino y la blusa de lino sin adornos. Su mera imagen constituía un ataque irresistible contra sus propias costumbres , valores y ambiciones: como si la hubieran diseñado para ponerlo en su sitio para siempre."

Jim Dixon es un tipo joven que se gana la vida dando clases en una universidad de provincias de la Inglaterra de medidados de los cincuenta. Y, sin exagerar demasiado, es uno de mis héroes literarios preferidos. Y lo es no sólo por despertar mis simpatías, sino, sobretodo, por ejercer de vengador de todos los que somos un poco como él: eternos perdedores de mirada afilada, gente en fuera de juego por unas reglas absurdas, personas que tras la tormenta, casi siempre permanente, aún conservan la chaqueta en su sitio. Contradictorios, algo dubitativos, amenazados por lo cotidiano. Muy lejos de ingresar en el santoral, pero esencialmente, buenas personas. 

Dixon es parte de ese inmenso naufragio llamado sociedad, del que algunos parecen disfrutar chapoteando alegremente en el agua. Él prefiere flotar, observar sin condescendencia el espectáculo absurdo que consiste vivir, preferiblemente con una pinta en la mano. Sabe también que es imposible no mojarse (algunos salpican mucho). Pero sabe también, y esto es lo que más le preocupa, que su navegar es inexistente, carece de rumbo y puerto al que llegar.

El trabajo como ejemplo mayúsculo. Generalmente una actividad que si no es innecesaria y carente de interés ya tendrá elementos externos para hacerla (aún más) insoportable. Dixon no pretende liberarse de la condición asalariada, pero al menos, sí quiere poder hacer algo digno con la necesidad de ganarse la vida. Es difícil compatibilizar la pregunta: ¿Cómo he acabado yo aquí?, con el interés fingido para no acabar en la calle. Y más si tu jefe, del que depende tu futuro, es un viejo con pelos en las orejas al que sólo le preocupa el sonido de su voz.

El mundo suele ser un sitio hostil. Una fiesta de sociedad, por ejemplo, como paradigma del lugar del que escapar. Lleno de señoras preocupadas por el dobladillo del mantel, aficionados a lo insustancial, expertos en la conversación ligera y la sonrisa amble de ojos gélidos. Un espacio repleto de gente a la que evitar. Incluso de enemigos.

Porque todos tenemos nuestros enemigos. Y en el caso de Dixon se trata de un autodenominado pintor, esa clase de profesionales del arte de vivir del cuento, pretenciosos hasta la extenuación, gente con la suerte de quien han nacido para comportarse como un huno que destruye y depreda lo que se le pone por delante. Hijo de tu jefe, además, el señor que decide en último término sobre tu vida. 

Con este panorama la tentación de abandonarse es una opción. Dejar la analítica que nos hace ser como somos a un lado, dar la mano al pintor, pasar a formar parte de uno de esos corrillos de copa en la mano y animado ruido de dientes. Sino fuera por un pequeño detalle, sino fuera porque somos como somos, que es lo único que nos queda.

Y entre otras cosas somos demasiado sensibles a la belleza. Amor: privación y desconocimiento. Ese encuentro casi siempre fortuito en el que somos golpeados y nos quedamos sin aire, en el que sabemos que algo ha cambiado dentro de nosotros, el que nos hace elevarnos, y aún conscientes de la dura caída, contemplar por un momento los momentos por los que merece la pena vivir.

Porque La Suerte de Jim va de todo esto y de algunas cosas más, como los escuderos peculiares a los que llamamos amigos, la maldita caridad emocional que nos puede hacer trizas, el problema de fumar en la cama. Pero sobre todo va de jugar la partida, de, aún sabiendo que tenemos peores cartas, intentarlo. Va de no ponérselo fácil a los malos, a los que siempre ganan sin ningún esfuerzo. Va de tomar decisiones, da igual que sean valientes, temerarias, inoportunas, que sean nuestras, sobre todo. 

A veces, incluso, la suerte puede estar de nuestro lado.

lunes, 13 de febrero de 2012

Dexedrinas II


Saben de ese espacio que existe en los relojes de agujas, entre la esfera y el cristal exterior. Justo allí, el aire que contiene, se encuentra protegido del paso del tiempo
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Tenía un cierto toque de rebeldía inocua, presumía de apolítico, rezumaba populismo. La camisa se intuía bajo el jersey. Era de color pardo.
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La palabra electromagnético sobre una mesa escolar. Las letras hechas de contrachapado, madera barata, serradas con precisión infantil. Los profesores, a la hora del café, califican al niño de contradictorio, incluso de iconoclasta.
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De como mileurista pasó de ser un adjetivo despectivo a un título nobiliario.
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La música de los momentos, del Glen Grant del 77, del mecanismo pobremente calibrado del reloj de pared. Esa es la que permite encontrar la forma de traer los sueños al presente para contar lo indescifrable de los abismo del pasado.
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Capitalismo ibérico, cimientos de palacios sobre terrones de tierra seca.
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Un niño sordomudo. Su padre ha inventado un sistema de comunicación único y preciso, una especie de morse con un coco. Es el único interlocutor del crío, y de vez en cuando, le engaña cambiando el nombre a las cosas. Una pequeña perversión paterna, no puede evitarlo.
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-Cómo pudisteis permitir que se repitiera?
-Los que lo vimos venir éramos demasiado pocos y además no hicimos nada o lo hicimos tarde. El resto se echó en brazos de sus verdugos gustosamente, confió la extinción a los propios pirómanos.
-No se daban cuenta?
-La mayoría no, por una peligrosa mezcla de ignorancia, miedo y necesidad. Además sustituyeron habilmente los uniformes por trajes, la dictadura por tecnocracia, el lebensraum por guerras contra el tercer mundo. Lo peor de todo es que algunos, aún siendo conscientes, colaboraron arduamente en aquella locura.
-Maldad?
-Y cobardía. La mayoría, y esto que no se te olvide, prefiere la amable comodidad del esclavo a la maravillosa aventura de la revolución. Además aquella promesa de subvencionar las teles en 3D tuvo mucho éxito entre la gente.
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Una señora muy aficionada a los diminutivos condescendientes: negrito, mariquita, huerfanito. También le agradaban las cajitas coleccionables de los kioskos. En ellas guardaba los dientecitos de sus pequeñas víctimas.
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Los barrios, a las cuatro de la tarde, huelen a tranquilidad y ropa tendida.

sábado, 11 de febrero de 2012

Sábado por la noche y domingo por la mañana de Alan Sillitoe


Sábado por la noche y domingo por la mañana
Alan Sillitoe
Editorial Impedimenta
Traducción Mercedes Cebrián
Madrid, 2011
9788415130130
22,50€ 


"Él la siguió, acariciándola cada dos escalones, resarciéndose de deseo por su cuerpecillo salvaje, y recordando que hacía muy poco había subido otras escaleras en distintas circunstancias. La noche había comenzado y la noche iba a terminar. Winnie se quedó en ropa interior y se acostó en la cama, esperándolo. Nunca una noche había empezado tan mal y terminado tan bien, pensó él, quitándose los calcetines."

A Arthur Seaton, joven de clase obrera en Nottingham a finales de los cincuenta, no le cuadra casi nada. Es egoísta, inmoral y carente de aspiraciones, pero también observador e inteligente. Y ve las fisuras de un mundo mezquino colarse entre los ladrillos rojos de las casas que se repiten como los días de su vida.

Trabaja en una fábrica de bicicletas, manejando el torno y calculando las libras que ganará al final del día. Dinero que no irá al ahorro: mañana es un concepto nuboso y sin mucho significado. Posiblemente le sirva para comprarse un abrigo de teddy boy, beber en el pub o invitar a una chica con la esperanza de acabar la noche del sábado acompañado. 

A Arthur se le dan bien las mujeres, sobre todo las casadas, y sabe que las utiliza, pero no menos de lo que ellas le utilizan a él. De lo que no quiere oír hablar es de que le atrapen, de perder su libertad y acabar como el viejo, mirando el periódico y murmurando en bajo la última ocurrencia de su madre.

Sus enemigos no fueron los alemanes, ni serán los rusos, pese a que la guerra nuclear es un peligro insistente, al menos desde los medios. Su enemigo es la vecina chismosa de su calle que ha echado raíces al otro lado del muro, escrutando como una vigía de moral victoriana y aburrimiento perpetuo. Su enemigo es el supervisor de la fábrica, a ese cabrón le tiene bien calado. Su enemigo es el gobierno, su gobierno, que le hizo perder muchas semanas en el ridículo servicio militar. No estaría mal volar algún palacio con dinamita.
 
Arthur vuelve con ese andar pesado de sábado por la noche, de demasiadas pintas, aunque manteniendo el equilibrio y la compostura, él todavía no es un borracho viejo de taberna mohosa. Es su momento preferido, su campo de juego, el lugar donde es libre, al menos por unas horas. Los escaparates de algunas tiendas reflejan su figura con la luz tenue de las farolas. No mira. Sabe que puede encontrar fisuras, también en él mismo, intuye, después de todo, que su vida no siempre podrá seguir así.