lunes, 1 de agosto de 2011

Euroyeyé 2011. Presentación De derrotas y victorias.


Ese año las mañanas eran muy frías. Salía de casa muy pronto, aún era de noche, recuerdo todo con esa irrealidad cinematográfica que da el paso del tiempo, los años transcurridos, los errores y aciertos cometidos, los árboles del parque más quietos de lo habitual, la luna en el cielo con un círculo de escarcha. Hacía mucho frío y yo andaba hecho un desastre, e iba a la facultad para no quedarme en casa, aislado, en ese mundo de somnolencia química, en ese vacío de estabilidad que me habían recetado. Llegaba a la estación y me sumaba a la riada de gente que bajaba y subía escaleras, que cogía trenes cada cinco minutos, ojeras, malas caras y peinados tristes. Yo me sentaba al lado de la ventanilla cuando podía, al lado de la calefacción, que me daba en la pierna haciendo otra vez que la sintiera. Y miraba mi reflejo.

Leganés, Villaverde, túneles, toses, periódicos gratis, novedad de la época. Pitidos en las puertas, embarazadas de mirada suplicante, Atocha, ya falta menos, el tren más vacío, un paraguas olvidado, Aluche. A ver como está hoy el autobús. Y todo el viaje con los Jam a todo trapo en los cascos, y mirando el parche que llevaba cosido, recién comprado, azul, blanco y rojo, en una parka fea del rastro.

Y ese día, lo recuerdo, con el suelo del autobús recién limpio pero todavía mojado, con el persistente frío de dentro y de fuera, sonó Life from a Window. Sonó en los cascos, de una cinta grabada, de un vinilo que me habían dejado, y sonó con la fuerza de las primeras veces, con esa clarividencia musical, que no habiendo cumplido todavía los veinte, te hace sentirte menos solo, quizá igual de triste, pero menos solo, y aquel día comprendí que yo era todo aquello y que no quería dejar de serlo nunca.

Sientes esas cosas pocas veces, por eso hay que apuntarlas mentalmente cuando ocurren, rasgueando las cuerdas que sabemos van a trazar los recuerdos que compondrán nuestra vida. 

Y pasaron unos años, unos cuantos, de esos en los que miramos por la ventana y vemos pasar las cosas, cambiando lo que vemos y como lo vemos, la propia ventana, hasta incluso tener una (más o menos) nuestra. Y en uno de esos años volví de Gijón, y sentí, de una forma certera, que allí había vuelto a emocionarme con muchas cosas que nunca debí haber dejado atrás.

El viaje en tren, los planes trazados, las maletas ocupando otros sitios (nunca son demasiadas). Llegar notando ese cambio en el aire, humedad de costa, diferencia en la arquitectura, misma estupefacción de los paseantes. Seleccionar lo apropiado, sentirte invencible con esa camisa. Ver los conciertos, probar la sidra, notar como se hace de noche y todo empieza a brillar. Ver a los amigos, saludarles, a unos con la efusividad de la distancia, a los habituales, como si hiciera años que no les has visto. Caminar por el paseo, ese paseo, sintiendo lo corta que va a ser esa noche que acaba de empezar. Bailar en la pista y hacerlo de todas las formas. Mejor acompañado, pero incluso solo, tan solo como a veces la vida te sitúa, sintiéndote por primera vez de acuerdo contigo como hacía mucho que no lo habías hecho. Ver las luces y los discos que se cambian, las chicas guapas, ese tipo elegante que viene de Inglaterra, ese otro que se mueve con precisión aritmética. Ese atusamiento de los chicos en el espejo del baño, ése no se ve en ninguna otra parte. Andar hacia el hotel, con luz, de día, el cielo nublado, esta vez acompañado por quien quieres.

Por eso vuelvo cada año.

La diferencia es que este año hago algo que me llena de orgullo, de especial alegría. Casi como un experimento. Porque hoy me daba cuenta que si hay alguien que va a entender este libro sois vosotros, no me queda más remedio que pensar así, que creérmelo.


Presentación Euroyeyé 2011
Real Mod World, de Daniel Llabrés y 
De Derrotas y Victorias, de Daniel Bernabé
Centro Cultural Antiguo Instituto
C/ Jovellanos, 21
Gijón
Jueves 4 de agosto a las 17 h.