martes, 8 de noviembre de 2011

Vivir y morir en Lavapiés de José Ángel Barrueco

Vivir y morir en Lavapiés
José Ángel Barrueco
Ediciones Escalera
Madrid, Octubre 2011
16€
9788493836351

"Plaza de Lavapiés y aledaños. Los marroquíes discuten, se empujan, se encaran. Algunos son muy jóvenes. El jaleo atrae a los curiosos y se acercan a ver el espectáculo. Alcohólicos, tíos de paso, turistas con miedo, vagos, paseantes, mirones, tenderos, grupos de guitarra y litrona, mujeres que bebían de una lata, adolescentes, pandilleros. Los árabes se espolean otra vez. El careo se centra en dos de ellos. Uno debe dinero. Las chicas se meten en medio. Las chicas son amigas suyas. O novias, nadie lo sabe con certeza. Son españolas. Son hermosas."

Deconstrucción.

Nuestra percepción de la vida es siempre incompleta. Lo es por nuestra posición, por nuestro espacio y nuestro tiempo, lo es por nuestros prejuicios. Completamos lo que vemos, construimos una narración personal con fragmentos que unimos con nuestra memoria y nuestra imaginación. Este libro es una historia única y son muchas a la vez, es un Manhattan Transfer contemporáneo y madrileño. Es una narración en un solo día, con su mañana, tarde y noche, con hilos que siguen de principio a fin, con luces que se encienden y apagan, con gente que huye y gente que espera, con todo un barrio moviéndose a la vez.

Realismo

Las peores películas son en las que el espectador intuye la cámara, los focos y el equipo tras la escena, en el que descubrimos la falsedad de la actuación. En los libros pasa lo mismo. Toda ficción en el fondo es un engaño, pero un engaño en el que entramos gustosamente, un truco de magia que sabemos que no es verdad pero que nos gusta, permitimos que exista en nuestra mente, entramos en el juego que se nos propone. Barrueco consigue que olvidemos que leemos un libro, nos hace disfrutar olvidando que lo que leemos es una ficción. Y eso es una de las cosas más difíciles que hay a la hora de escribir. 

Velocidad

En este libro hay gente que huye, que corre por su vida, que escapa, incluso estando parada. Hay agilidad de propuesta, saltando de lugar en lugar y de personaje en personaje. A veces recuerda a esas tomas magníficas a cámara rápida en el que vemos una ciudad en el transcurso de un amanecer a una puesta de sol, en el que contemplamos el dinamismo y ese extraño mecanismo que hace que todo fluya. Y le viene muy bien, por el contexto, por los argumentos y por el propio estilo. Hacía tiempo que no agarraba un libro y terminaba sus doscientas páginas de una sola lectura.

Referentes 

Siempre he distinguido dos tipos de personas. Los que se toman los libros, la música y las películas como un mero entretenimiento y los que los utilizan como ladrillos que ayudan a construir una vida y a definirse. Y este libro está lleno de referentes, no de los que se sueltan para aparentar conocimiento o por darse el gusto, sino de los que ayudan a entender que tipo de personas nos están hablando. Incluso uno de los (mejores) personajes, un mafioso a la española, casi obsesionado por el cine negro, un Tony Soprano de Larios-Cola, lleva a su trabajo los referentes de la gran pantalla.

Dialéctica

Lucha irreconciliable de contrarios, permanente contradicción que hace avanzar todo. Vida y muerte, como el título del libro, una máquina llamada existencia de la que desconocemos su funcionamiento, pero que sabemos que tipo de combustible consume, nuestros sueños y pesadillas. 

Un libro escrito aquí y ahora por uno de los nuestros, de esa gente de la que desconocemos casi todo, pero de la que intuimos, al leer esta historia, que escribe de una forma sincera, de la que arrebata las tripas, la única forma decente de escribir.