miércoles, 26 de octubre de 2011

Todos los caballos del rey de Michele Bernstein

Todos los caballos del rey
Michele Bernstein
Editorial Anagrama
Traducción Mª Teresa Gallego
Barcelona, 2006
12€
9788433970954

"Estuve de acuerdo con él en que era más fácil hallar en el cuadro de Carole los amables tópicos de la moda que las osadas torpezas del genio. Pero salí en defensa del ausente: las novelas y los cuadros se componen con las recetas oportunas. Y no deja de tener su mérito eso de utilizar con decencia las trivialidades de la propia época"

Diversión: palabra y acto real, inherente al ser humano, absorbido, depauperado y devuelto en cómodos packs precintados, sólo dos minutos en el microondas. Consumir sólo en pequeñas dosis, y siguiendo cuidadosamente las instrucciones de uso.

Tómese diversión como sinónimo de autenticidad, experimentación propia, esto es, realizada por el propio sujeto, no observada, y creada, a drede, para vivir la propia vida.

Si quieren saber de que va lo de ahí arriba lean La sociedad del espectáculo, o Tratado del saber vivir, y si perciben algo, pero no se acaban de enterar, busquen otros libros, páginas o personas (esto último difícil pero altamente recomendable), que les aclaren, o al menos les sitúen, en la senda de la autenticidad vs. espectacularidad.

Pero Todos los caballos del Rey, escrita por Michele Bernstein, mujer de Debord y miembro de la I.S., no va de explicar teóricamente nada. Va de retratar La Vida. Y como protagonistas quiénes mejor que ellos mismos, y la deriva por París, y los aprendices de profesionales del intelecto, siendo utilizados como herramientas de placer en las playas de la costa azul. "Gilles y yo no somos guapos. Pero tenemos aspecto de inteligentes y gustamos", sin concesiones, artificios o subterfugios, a lo Alí, danzando suavemente, golpeando brutalmente.

Se supone, y así fue, que esta novela fue escrita para recaudar fondos para la I.S. y de esta forma liberarse del trabajo asalariado. Yo creo que hubo algo más, con los situs siempre había algo más. Esto es el panfleto definitivo, el pasquín sin defectos, la llamada de atención por megáfono pero en código. Quien después de leerla no quisiera conocerles, vivir (como ellos), es porque era un cadáver o un imbécil, o ambas cosas a la vez.