miércoles, 12 de octubre de 2011

Gog de Giovanni Papini

Gog
Giovanni Papini
Rey Lear Editores
Traducción Paloma Alonso Alberti
Madrid, 2010
9788492403516
22,95€ 

"Un ingeniero de Pittsburg, que representa aquí a una fábrica americana, me llevó la otra noche a una tertulia de noctámbulos, una mezcla de taberna, café, teatro y garito. Se bebe, se fuma y uno se aburre como en todas partes. De vez en cuando, sale de detrás de un telón grana y oro un esqueleto femenino pintarrajeado y mal vestido que regurgita una canción más triste que su cara deshonrada. O bien un aborto crecido de sexo masculino, con pantalones amarillos, barriga violácea y joroba escarlata -un engendro entre payaso en paro, tísico dipsómano y revolucionario- grita algunas injurias en versos libres, acogido por los aplausos distraídos de los indígenas. En conjunto, una melancolía siniestra."

El dato esencial para comprender este libro es cuándo está escrito. El periodo de entreguerras es ese espacio fascinante en el que el mundo dirimía sus contradicciones entre vanguardias y tradición, burguesía y proletariado, fascismo y comunismo. Un momento histórico de tensiones desatadas, pasiones límite y afiliaciones inquebrantables. Un lugar en el que Papini cuenta una historia de historias, un viaje por continentes, metrópolis y lugares olvidados, un análisis lúcido desde la aberración.

La premisa es simple. El autor conoce en un sanatorio mental a un tipo excéntrico que le entrega unos manuscritos sin orden aparente. El paciente resulta ser Gog, un millonario norteamericano que una vez cansado de amasar dinero abandona los negocios para dedicarse a ser libre. Una libertad especialmente trazada que consiste en utilizar su dinero para conocer el mundo en su más amplia expresión. Papini utiliza esta voz, la de Gog, para que le acompañemos a descubrir en qué consistía la realidad en los años veinte y treinta.  

Gog es interesante porque es contradictorio. Es rico pero detesta la riqueza, es un ignorante reconocido pero se interesa por toda manifestación cultural y artística. Carece de afectación y refinamiento aunque tiene el suficiente oído para ponerlo al servicio de músicos y poetas, ortodoxo pero con la astucia de escuchar lo novedoso. Detesta la civilización y ama la técnica. Gog es un tirano en potencia, pero un conocedor de la humanidad desde el extrañamiento.

Este curioso millonario permite que estemos al lado de figuras como Gandhi, Ford o Gómez de la Serna. Las semblanzas que leemos en las entrevistas que mantiene, generosamente pagadas, como todo, distan mucho de ser positivas, se alejan de los tópicos bienintencionados que hemos visto en documentales, enciclopedías y hagiografías. Nos situan ante individuos menos geniales y extraordinarios de lo que suponemos, y aún siendo ficción, como lectores, sospechamos que no están tan lejos de la realidad.
 
Los proyectos en los que se embarca Gog son extraordinariamente divertidos, aunque no menos esclarecedores de la condición humana. Colecciona gigantes, esto es, personas de más de dos metros, y se los lleva a vivir a una pradera en Luisiana con impredecibles consecuencias. Monta una fábrica de poesía con la intención de tecnificar la creatividad o localiza a los mejores expertos en ocultismo para que le demuestren la existencia del más allá. Otras veces es la realidad la que viene a Gog, contactando con él, en busca de su dinero, desde un escultor de humo hasta un verdugo nostálgico que echa de menos su profesión. 

Lo interesante, además de personajes, figuras y proyectos, es la extraña e inquietante vigencia de casi todo lo oscuro que desfila por las páginas. El millonario nos cuenta como en una ocasión compró una república sumida en el desorden y los problemas, como todo en ese país funcionaba con aparente y democrática normalidad, aunque ya no perteneciese a sus ciudadanos, sino a él. 

Gog, de Papini, es un libro tan divertido como esencial, un libro para los que disfrutan de lo extraño, de la filosofía contada en historias, de los análisis de espíritu construídos como cuentos. Además aparece El Conde de Saint-Germain, y eso, escuchar a un aventurero libertino casi inmortal, es un aliciente ya en sí mismo.