viernes, 28 de octubre de 2011

Diez estigmas del cine independiente.


 
Utilizamos una semidesconocida película, The station agent, para repasar en diez puntos todas las marcas, casi estigmas, que posee el cine independiente, en especial el norteamericano. No dudamos de la buena intención de estas historias frente al cine comercial, pero debido a lo sobrevalorado de las mismas, hemos considerado, yo y mi odio, hacer justicia poética desde ya mismo. Empecemos la autopsia:

1.- Personajes. Los protagonistas de esta cinta son un enano silencioso y taciturno al que le gustan los trenes, una mujer de mediana edad depresiva que pinta cuadros abstractos y un cubano que vende café en el lugar menos poblado de América. Para completar el plantel tenemos a una niña extrovertida con sobrepeso (negra y pobre), un redneck con mullet en el papel de malo y una bibliotecaria lolita que acaba embarazada. Esto se llama rareza pretendida. No construimos una historia y por necesidades de la misma aparecen tipos poco usuales. Buscamos primero gente extrañamente tópica y les colocamos como a figuritas en una maqueta. Ojo,  los engranajes empiezan a chirriar.

2.- Relaciones. Ahora que tenemos montado el circo nos haría falta que los muñecos se movieran un poco para entretener al personal. Cuando los guionistas son hábiles, los personajes se conocen e interactuan de una forma sutil. Como en toda historia inventada nada es casual, pero nosotros, el público, no nos damos cuenta. En The Station Agent y otras muchas del estilo, más que encuentros tenemos encontronazos, situaciones de unión tan forzadas que resultan inverosímiles.

3.- Emociones. Estas películas siempre han presumido de ser un "crisol de sentimientos", que diría algún redactor pretencioso de una revista de moda. Si nos emocionamos viendo una película es porque sentimos empatía, es decir, nos ponemos en el lugar del otro, comprendemos lo que siente y por tanto revivimos en nuestro pathos lo visto. Aquí no hay empatía posible. Casi todos los personajes suelen caracterizarse por una anemia energética notable, pasean sus rostros lánguidos por la pantalla y miran al horizonte esperando algo que no llega nunca. Todos tenemos momentos de astenia, estos personajes la llevan en su código genético. No hay cambios, sólo una melancolía permanente.

4.- Ausencia de conflictos de clase. Vale, ya sé que en La Guerra de las Galaxias tampoco hay lugar para el sindicalismo. La diferencia es que estos directores presumen de Cinema Verité. Pretenden reflejar la realidad, intentan huir del escapismo de Hollywood y que universitarios interesados en el cine asientan con la cabeza a sus creaciones. Pero eso sí, no nos explican como vive un inmigrante cubano vendiendo dos cafés al día, sin derecho a contrato o asistencia sanitaria y con un padre gravemente enfermo. Y no lo explican por un sencillo motivo, la mayoría de gente involucrada en este tipo de independencia suele tener sus bolsillos bien cubiertos, desconocen del todo, en primera persona, que significan expresiones como trabajo precario, despido o facturas. El ser social determina la conciencia, decían por ahí.

5.- Sexo. O no aparece por ninguna parte o si lo hace es de una forma patológica y pueril. En este punto no prefiero entrar, pero a mi me parece claro y cristalino como el agua en una mañana de verano.

6.- Estética. De manual, pero demasiado. Al igual que los escritores utilizan los tiempos y las personas verbales para contar diferentes tipos de historias, en el cine no se debería cambiar de plano cada tres segundos si el tema es la quietud y la introspección. Eso es una cosa, otra no desmontar la cámara del trípode que les dejaron en la escuela de cine en noventa minutos. Esto no es teatro filmado, y o no se enteraron en el tema uno, o el día que pusieron Potemkin en clase faltaron para ir a ver a Jay Jay Johanson.

7.- Vergüenza ajena. Nunca se debería filmar una escena de gritos, furia descontrolada, llantos o cualquier otro momento desmedido, a no ser que esté muy justificada y se cuente con actores de primera. Si no el resultado que se obtendrá es el que da nombre a este punto.

8.- Música. Si quieren meter la musica que hace su novia con el casiotone y eso justifica que a lo mejor les dejen que la den algo más que un beso, vale. Si no es por este motivo se debería recurrir a un profesional que componga una banda sonora que enfatice y arrope la película. No se trata de sacar irremediablemente a los grupos preferidos, o sí, pero es que a nosotros nos gusta el soul...

9.- Argumento. Es decir, no vale parar el DVD en cualquier momento y obtener el mismo resultado que si llegaramos hasta el final. No hace falta ceñirse a la novela decimonónica, pero no estaría mal algo de estructura, algún punto de giro y alguna pista que haga pensar al espectador que merece la pena acabar de ver la película por más que hacer tiempo. De verdad, en el fondo esto se trata de contar historias. Incluso aunque carezcan de interés real se pueden, se deben, contar bien.

10.- Diversión. El cine de entretenimiento no es malo. Incluso normalmente es mejor que este. Mira Indiana Jones y el Arca Perdida y aprende como contar algo, de forma interesante y que te lo haga pasar bien durante hora y media. ¿Qué tu eres un tipo serio y sustancial?. Te diría que vieras La Soledad del Corredor de Fondo, pero no, no te lo mereces, esa es nuestra.