martes, 19 de julio de 2011

Fuck America de Edgar Hilsenrath

Fuck America
Edgar Hilsenrath
Errata Naturae
Madrid, 2010
9788493714567
19,90€


"Aquí estoy yo, Jacob Bronsky, solo en Madison Avenue, poco antes de la medianoche, he abandonado la fiesta antes de tiempo, estoy de mal humor. Sólo aquel otro sueño es inalcanzable para mí: el culo de la secretaria de dirección."

Agradecimiento. Hay veces que todo indica que debemos estar agradecidos por algo, pero ese todo no conoce los detalles, las aristas que hacen de ese algo un elemento mucho menos amable de lo que cabría desear. Jacob Bronsky, trasunto directo del autor, es un judío alemán que ha sobrevivido al holocausto y ha emigrado a Nueva York. ¿Un convencido amante del sueño americano, un defensor de la tierra de las libertades? Extiendan el dedo medio de su mano y digan con él: Jódete América. Veamos sus razones:

1.- Imagínense que son judíos y viven en Alemania a mediados de los años treinta. Si son medianamente inteligentes no verán las orejas al lobo, verán al bicho entero, enseñándoles los dientes y declarando sin rodeos un hambre voraz de violencia y destrucción, y ustedes son los primeros de la lista. Imagínense que escriben al cónsul americano, desesperados, como única posibilidad real de escapar, de obtener un salvoconducto que les libre a usted y su familia de algo muy oscuro. Imagínense que primero les da largas, escudándose en barreras burocráticos, formalismos absurdos y una legalidad de ceguera notable, para luego, tras su insistencia, decirles a las claras que usted, su familia, y la comunidad judía, en realidad, importan una mierda, o peor, que en el fondo el chiquitín malahostia del bigote no está tan equivocado en sus planes.

2.- Años cincuenta, Nueva York. Es usted alguien inteligente, sabe un par de idiomas y se desenvuelve con el inglés de forma más que aceptable, y además, aunque judío, es alemán, con todo lo que eso suponía con respecto a la cultura de la primera mitad del siglo pasado (Hesse, Bretch, Mann...). Es usted Europa, que diablos, la Europa que no pudo ser, pero la parte más brillante de la misma. Además es escritor, teniendo ese punto de acertada mala baba que se requiere para escribir determinadas novelas. Bien, lo sentimos, todo eso, que no es poco, no importa nada  en un país donde los héroes llevan mallas, escupen y golpean pelotitas con palos cilíndricos de madera. Es usted un inmigrante, y su sitio es al final de la cola. Y no se le ocurra moverse de allí. Nos podríamos poner llorones y escribir un libro sobre que injusto es el mundo, pero mejor escribimos uno donde ponemos en su sitio a esa pandilla de gañanes que nos miran por encima del hombro.

3.-  El trabajo. Sobrevive, no te queda otra, pero no te lo creas. El sueño americano es mentira, aquí nadie se hace rico y con una determinada edad y procedencia olvídate de prosperar. Trabaja lo justo para vivir, realizando las ocupaciones más absurdas, para poder escribir el resto del tiempo. Y aprende. Aprende a escaquearte del trabajo, por eventual y fácil que sea este, aprende a colarte en el autobús, a engañar a tu casera y aprende a comer gratis en los restaurantes caros. Somos pobres pero no imbéciles, y nos gusta la buena cocina tanto o más que a un exagerado magnate del automóvil.

4.- Las mujeres, las mujeres y América. Toda una industria para decir al mundo en pantalla grande que en EEUU están las más guapas, las más deseables, las más atractivas mujeres del mundo. De nuevo mentira. No todas son tan guapas, pero lo peor no es eso. Lo peor es todo un género concibiendo las relaciones de pareja como un instrumento de superviviencia, donde la clase social, y el dinero, importan más que cualquier otra cosa. Considere usted el acceso al género opuesto como una inversión en bolsa, como una aventura empresarial. Primero enséñame tus credenciales, si eres de mi nivel o superior podemos empezar a hablar. Podemos empezar a llorar, de nuevo, o convertirnos en unos golfos. Lo de irse de putas mejor descártenlo.

Si leen el libro sabrán porque. Además se encontrarán con páginas de diálogos rápidos como ametralladoras, situaciones absurdas solventadas con bastante clase, y un perdedor, que sabiendo que lo es, conserva la suficiente mezcla de inteligencia y análisis para sobrevivir y jugar al gran juego de América sin creerselo un solo minuto.