lunes, 18 de julio de 2011

Billy Mentiroso de Keith Waterhouse

Billy Mentiroso
Keith Waterhouse
Ediciones del Viento
La Coruña, 2008
9788496964235
12€


"Stradhoughton estaba plagado de lugares que se convertían en objeto de nuestra burla. Solíamos hacer discursos fascistas desde los escalones de la oficina de contribución municipal, y más de una vez nos habíamos metido en un lío por hacer nuestra imitación de un soldado bajo el Monumento a los caídos de Town Square. A veces recorríamos Market Street gritando <manzanas una libra peras> para confundir a los vendedores de fruta ambulantes con sus cazadoras de cuero y su labia de comediante"

Ser joven en Yorkshire, Inglaterra, a finales de los cincuenta debía ser un auténtico rollo, ser joven y diferente una auténtica tortura. Billy Fisher es un chaval que trabaja en una funeraria, que tiene una familia insoportable, unos vecinos estúpidos y una novia a la que llama "la bruja". Por otro lado forma parte de los supervivientes, siete de dos mil, del grandioso Cuerpo Voluntario de Caballería de Ambrosía.

Imaginación desbordante es uno de esos tópicos literarios, una de esas parejas de palabras atadas de por vida, que tan mal sientan a una frase. Pero en esta ocasión se hacen necesarias. En este libro acompañaremos durante un día a Billy, un chico que solo quiere irse a Londres a trabajar de guionista cómico, que se refugia en una realidad alternativa por necesidad, por desbordamiento, por añadir un poco de color a un pueblo de un país que está a punto de despertar, pero aún se aferra con fuerza a una tradición tan decadente como insostenible.

La literatura de finales de los cincuenta en Inglaterra es grandiosa desde la cotidianeidad. Ya basta de grandes héroes, de historias de señoras que se aburren en la opulencia burguesa del XIX, de experimentos intelectuales para epatar a quien no desea ser molestado. Aquí de lo que se trata es de hablar de la brecha que estaba apareciendo entre la juventud del país que había ganado la guerra pero había perdido el imperio, del ostracismo de la vida convencional, de jóvenes obreros que no les empezaba a gustar lo de pasar todo el día metiendo sus frustraciones en la densa espuma de la cerveza caliente. 

Y Billy se escapa como puede, de una forma poco usual, desde esa posición de quien piensa pero no actúa, de quien traza mil planes fantásticos pero no los lleva a cabo nunca, postergando sus deseos por miedo al futuro, al riesgo real, a una comodidad absurda dentro de un permanente día gris, lluvioso y aburrido. Quizá sea una de las características, para los que sufrimos de una amable partición de la realidad, que nos hace querer y detestar a este personaje. 

Tomar o no determinados trenes nos hará avanzar, acercarnos a lo que perseguimos, pero seguro, dejar atrás ese mundo en el que podemos ser quien queramos cuando queramos. Que difícil es a veces tomar ciertas decisiones cuando se es joven, o no tanto. Al menos siempre nos quedarán nuestros zapatos de ante marrones.