domingo, 14 de diciembre de 2014

Debate en torno a ¿Por qué Marx no habló de copyright?

David G. Arístegui, Elena Cabrera, Servando Rocha y Daniel Bernabé

El pasado viernes tuve la suerte de participar junto a Elena Cabrera y Servando Rocha en un debate en torno a ¿Por qué Marx no habló de copyright? el libro escrito por David G. Arístegui.

"Las licencias Creative Commons y la filosofía del copyleft fueron el resultado del primer movimiento social generado en torno a la propiedad intelectual. El software libre goza de buena salud, pero la cultura libre no. Las diferencias entre código y libros, canciones y películas son cada vez más evidentes, pero se sigue insistiendo en que el uso de las Creative Commons, por sí solas, van a acabar con la precariedad y con los abusos de la industria.
A pesar de las simpatías que genera en algunos sectores de la izquierda la cultura libre presenta por desgracia más que sospechosos parecidos de familia con la agenda neoliberal.
«Muy pocas alternativas a la propiedad intelectual convencional han integrado en sus proyectos alguna clase de crítica del mercado de trabajo, una redefinición de la categoría de trabajador intelectual, una solución viable para las tareas de mediación, formas de retribución justa de actividades artístico-culturales o, incluso, alguna clase de complicidad con proyectos políticos antagonistas más amplios. La opción mayoritaria ha sido dejar esas cuestiones abandonadas a la espontaneidad de la red, como antes el liberalismo propuso abandonarlas a la espontaneidad del mercado». (del prólogo de C. Rendueles e I. Sábada)
Más que nuevos tipos de licencias son necesarias instancias colectivas para la gestión de la propiedad intelectual y derechos de autor. Necesitamos sindicatos en el ámbito de la cultura. Este libro es un modesto intento para empezar a sentar las bases históricas, ideológicas y discursivas para ese proceso."
Texto de la contra-cubierta tomado de la Editorial Enclave

martes, 9 de diciembre de 2014

Ultraje a la clase media (en algo más de cien ideas)



La clase media es una ficción pensada para el control social, un relato escrito por dedos de manicura esmerada.

La clase media fue la metáfora que, como cabeza de playa, ganó la guerra de conquista cultural ante un proletariado ausente de sí mismo.

La clase media es una mediocridad pagada a crédito.

La clase media es una fantasía de horizonte, un viaje a ninguna parte.

La clase media es como el gato de Schrödinger, su existencia depende únicamente del punto de vista del observador.

La clase media es un chaqué de alquiler para una boda destinada al divorcio entre las aspiraciones capitalistas y el decadente ahora.

La clase media es firme defensora de los derechos humanos siempre dentro de los límites de su sala de estar.

La clase media es el pilar de la democracia espectacular, un asentimiento ruín ante el poder del director de la representación.

La clase media es siempre una tragicomedia.

La clase media es simbiótica a la mentira de la excelencia, el emprendimiento y la formación continua.

La clase media niega al resto de clases sociales, un constructo liquidador por agregación.

La clase media es un prestidigitador social que hace desaparecer el conflicto en su chistera transformándolo en vasallaje reluciente.

La clase media es un joker sonriente con una ortodoncia mediocre.

La clase media, como propuesta, tiende siempre hacia el aburrimiento y el hastío, es la zombificación de la vida total.

La clase media es Paquito el Chocolatero pasado por el tamiz de un coreógrafo de Telecinco en los 90.

La clase media entiende la aventura como la variación del índice bursátil, al amor como inversión y la amistad como entente societario.

La clase media no folla, amplía capital en su pyme familiar.

La clase media entiende la vida como una sucesión de acontecimientos comerciales, trasunto de antiguas celebraciones religiosas.

La clase media es una imitación en plástico barato de la burguesía.

La clase media heredó el complejo de la burguesía frente a la nobleza. Lo somatiza con muebles rústicos y fotos de pared en un asador.

La clase media ahuyenta el peligro en complicadas ceremonias rituales llamadas seguros multiriesgo.

La clase media pasa del útero materno al monovolúmen sin solución de continuidad.

La clase media ha desarrollado una capacidad de percibir las radiaciones de los tonos pastel sin parangón en el mundo animal.

La clase media encuentra belleza en una serigrafía barata impresionista que cuelga encima de la taza del váter.

La clase media es, ante todo, un permanente intercambiable. El éxito por la asimilación molecular con el vecino.

La clase media sabe que la realidad empieza allí donde termina el campo de golf.

La clase media vive presa en su urbanización residencial. Un confinamiento con altas vallas, cámaras de seguridad y rie(s)go automatizado.

La clase media es el metro de platino iridiado con el que medir los valores dominantes de un mundo en descomposición.

La clase media fagocita modas y tendencias al carecer de una identidad propia. Una persecución inútil de cualidades asociadas.

La clase media se escinde entre la imagen de quien cree ser y el reflejo que les devuelve el escaso rendimiento de sus productos bancarios.

La clase media es antes ahorradora que ciudadana.

La clase media cree entender el mundo financiero de la misma forma que los sabios medievales la cosmología.

La clase media española vivió su máximo esplendor en el momento de máxima especulación. Toda una declaración de principios formales.

La clase media sustituyó el confesionario por el despacho del director de sucursal bancaria.

La clase media desarrolla todas sus parafilias sexuales en torno al fetichismo del dinero.

La clase media quiere ser propietaria por encima de cualquier consideración. Cuando ni siquiera posee la llave de su existencia.

La clase media brilla con especial particularidad en los suelos pulidos de los centros comerciales, ungida por la luz fluorescente.

La clase media toma su vestuario de la caza, la hípica y el reaganismo textil. Un conjunto desafortunado de inmundicias estéticas.

La clase media mide la calidad del calzado por lo efectivo que resulta a la hora de pisar seres humanos en su carrera profesional.

La clase media es la previsible sonrisa del hombre del tiempo mientras que el huracán arrasa calles en el croma.

La clase media entiende de manera supersticiosa cualquier cambio como la amenaza que le desposeerá de sus conquistas.

La clase media, ante cualquier crisis, reacciona histérica buscando culpables ajenos a la estructura que les sostiene.

La clase media, ante el cambio inevitable, se posiciona como un perro guardián que ha perdido su territorio y la comida.

La clase media cree aspirar a ocupar el lugar de sus superiores pero sólo busca nuevos amos más eficaces.

La clase media manifiesta su cansancio ante sí misma mi(s)tificando la experiencia vacacional como “unos días inolvidables”.

La clase media reconfigura el imperialismo mediante el turismo.

La clase media busca “escapaditas” de fin de semana como el niño enrabietado que finge huir de sus padres sin perderlos de vista.

La clase media moriría de inanición sentimental ante el fin súbito de la ficción televisiva.

La clase media es la resaca que nos dejó el self made man.

La clase media ama los parques temáticos ya que la diferencia entre lo verdadero y lo falso le parece un capricho excéntrico.

La clase media entiende la felicidad como un nuevo sistema para agilizar los trámites burocráticos.

La clase media busca “experiencias enriquecedoras” porque padece de un trastorno severo de objetivos propios.

La clase media ha sustituido la biblia por el libro de autoayuda. La nueva religión de la eficiencia.

La clase media como gif animado: una repetición enfermiza de un momento aislado sin contexto aparente.

La clase media observa la cultura como una tiranía interrogativa sustituible por la comodidad del entretenimiento.

La clase media observa la ideología como una tiranía interrogativa sustituible por la ideología totalitaria de la no ideología.

La clase media odia Trayecto en noche cerrada.

La clase media prefiere la asepsia de la pornografía antes que el olor del sexo.

La clase media se cobija en la ironía permanente ante la ausencia de capacidad crítica.

La clase media detesta la líneas que surgen de la relación con la producción, pero es incapaz de vivir sin ellas.




La clase media intuye las amañadas reglas sociales, pero niega su existencia como el marido infiel sorprendido con la amante.

La clase media está montada en el ascensor social, pero como ascensorista de uniforme ridículo que mira las plantas a través de las puertas.

La clase media es el helecho de plástico en la oficina del máximo accionista.

La clase media es el ácaro que agradece vivir de la piel muerta que cae del macilento rostro de un banquero.

La clase media accede al orgasmo mediante la designación como mando intermedio o asesor de confianza.

La clase media siempre ficha dos veces por si la primera no ha quedado registrada.

La clase media es una carretera de planta circular en permanente atasco.

La clase media busca la salvación mediante los alimentos ricos en fibras y bajos en colesterol.

La clase media son las rebajas del capitalismo post-industrial

La clase media se define, sobre todo, por lo mezquino de sus sueños: aspiraciones individualistas entre cupones de descuento.

La clase media sustituyó la caridad por la solidaridad mediante métodos telemáticos.

La clase media domina el virtuosismo del escapista siempre que se habla de inicios biográficos.

La clase media mantiene una relación con el mando a distancia del televisor claramente fálica.

La clase media se refugia en la enología como el alemán del 39 en la obediencia debida.

La clase media está convencida de poder categorizar el mundo en los huecos del armarito de las especias.

La clase media piensa que el placer es tan sólo la ausencia de dolor.

La clase media entiende como paraíso estético el diseño impersonal de los aeropuertos.

La clase media tiende a la mitomanía como un Dorian Gray mediante renting.

La clase media española utiliza el anglicismo con la esperanza de reconocimiento como buen salvaje aplicado.

La clase media mide el nivel de desarrollo de una sociedad por la profesionalidad y pulcritud personal de los limpiacristales del semáforo.

La clase media adora los posters inspiracionales y los discursos épicos del entrenador antes de un partido crucial.

La clase media mantiene la misma relación con la tecnología que sus abuelas con San Pancracio.

La clase media entiende la elegancia como un blasón nobiliario que se puede adquirir en unos grandes almacenes.

La clase media entiende la música como el hilo musical que no molesta para hacer “cosas”.

La clase media entiende la literatura como un proceso de acumulación de libros gruesos cuyo único fin es llegar a la última página.

La clase media entiende el cine como una forma óptima de presumir delante de su vecino de la alta definición del televisor.

La clase media entiende la pintura como un objeto rectangular inservible que se revaloriza con el tiempo.

La clase media entiende la escultura como el complemento perfecto para la rotonda o el jardín.

La clase media entiende el humor como el escarnio del inmediatamente inferior a él.

La clase media es capaz de probar el veneno si en la sección de “Gente y Estilo” de su semanal preferido lo recomiendan.

La clase media entiende la gastronomía como una forma óptima para presumir delante de sus amistades de una sensibilidad excelsa.

La clase media se desarrolla en el lugar común como las bacterias en una herida purulenta.

La clase media fagocita cualquier elemento asumido por el sistema rechazando con hostilidad la versión real del mismo.

La clase media sólo admite la pasión en la música ligera o como texto publicitario.

La clase media ha sustituido el catecismo por la publicidad.

La clase media entiende el catolicismo como un branding personal algo esotérico.

La clase media siempre está donde tiene que estar, siempre habla lo debido y calla lo necesario.

La clase media se sentiría más cómoda si en las citas el otro llevara una etiqueta con el precio tatuada en la frente.

La clase media practica un tipo de higiene social refinada que consiste en calcular el poder adquisitivo del desconocido en cuestión de segundos.

La clase media entiende el concepto de responsabilidad como las directrices básicas para mantener un orden inalterable.

La clase media se sabe hija de su tiempo, hasta el punto de creer que el pasado es algo totalmente desconectado del presente.

La clase media ha reducido los Mandamientos cristianos a un código binario de conveniencia individual.

La clase media abjura del comunismo como el primate desdentado y famélico ante el fuego.

La clase media es capaz de crear virtualidades visuales sin ningún tipo de ayuda técnica.

La clase media se fascina con las biografías porque entiende la historia como la sucesión de decisiones de los “grandes hombres”.

La clase media es el ansiolítico más poderoso jamás creado por la mente perturbada del mercado.

La clase media aspira al turismo espacial en un futuro inmediato.

La clase media forma colas disciplinadas incluso en el caso de que no sepa ni a qué conducen.

La clase media agota la felicidad en el momento que el dependiente le entrega el producto adquirido.

La clase media observa la pobreza el tiempo suficiente para poder compadecerse de ella delante de sus amistades.

La clase media afirma que todo el mundo es clase media, pero ellos son más clase media que nadie.

La clase media media entre la lucha de clases.

La clase media no se merece una crisis, se merece un apocalipsis.

martes, 25 de noviembre de 2014

Cultura de asalto en Barrio Canino


El pasado viernes 21 de noviembre visité de nuevo los estudios de Ágora Sol Radio, en compañía de Álex Portero, esta vez para ir a Barrio Canino, el ya veterano programa que empezó allá por 2011 espoleado por el grito de la gente en las plazas.

Como línea argumental utilizamos el concepto Cultura de Asalto, una herramienta aún por construir pero que se despereza tras largos años aletargada bajo el terrible sopor del mercado y la CT.

Pusimos música y por supuesto hablamos de La próxima tormenta y Trayecto en noche cerrada.

Podéis escucharlo aquí, dos horas llenas de grandes ideas.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Primarias IUCM

En el Centro Cultural Meseta de Orcasitas

Un apunte político que no sólo de auto-promo literaria vive el hombre.

Ayer dio comienzo la campaña oficial de las primarias de IUCM. Un proceso en el que pueden participar afiliados y simpatizantes, es decir, cualquier persona que viva en Madrid y que crea compartir postulados con esta organización. Podéis inscribiros hasta el 15 (este próximo sábado!), llevando una fotocopia del dni a la sede de IU de vuestro barrio y así poder votar el día 30.

¿Por qué hacerlo? Pues en mi opinión porque IUCM puede ser una herramienta imprescindible para poder transformar el tedio y la oscuridad que vive Madrid desde hace ya demasiado. Pero para eso, algunos creemos que IUCM debe cambiar primero.

Ayer tuve la suerte y el honor de poder participar en el acto de inicio de campaña de Tania Sánchez y Mauricio Valiente, los candidatos a los que apoyo públicamente. Y lo hago, fundamentalmente, porque creo que son las personas con el proyecto más rupturista, audaz e interesante de las que se presentan. Porque creo que su candidatura es óptima para converger y saber trabajar con otros en el objetivo de ganar. Porque pienso que son personas que creen firmemente en que a través de la política podemos tomar las riendas de nuestras vidas.

No os pido vuestra ayuda. Os la exijo. Y lo hago porque creo que, desde que tengo uso de razón, he visto a IU en todas las luchas, porque creo que es hora de ayudar a los que siempre ayudaron. Y porque esta situación de crisis, en gran parte, ha sido provocada porque todos como ciudadanos olvidamos durante años nuestra responsabilidad de intervenir en política. Y creo que es hora de cambiar eso, de elegir nosotros el camino, de narrar nuestra propia vida.

Podéis ver el vídeo completo del acto aquí

Podéis inscribiros también por internet y consultar el reglamento de las primarias aquí

Si en el DNI no aparece vuestro domicilio en Madrid podéis llevar también una factura del agua o la luz que acredite el lugar de residencia.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Presentación en Madrid de Trayecto en noche cerrada



Diferentes momentos del acto, fotos por Rubén Bernabé.

No os voy a engañar, aún floto en una nube de endorfinas. El pasado jueves 6 de noviembre presenté en el Espacio LEER mi segundo libro, Trayecto en noche cerrada. Y fue un momento maravilloso.

Como comenté en el propio acto, ver el lugar abarrotado de gente, de procedencias tan diversas, era de alguna forma contemplar un retrato propio. Conocidos y desconocidos, amigos lejanos y recientes, trazan una red de afectos y complicidades que hablan de nosotros mismos, como un mapa de nuestra vida.

Compartir palabras con Álex Portero, también escritor pero sobre todo compañero de trinchera, de bar de menú del día y proyectos de dominación mundial, fue un honor. Los buenos amigos no abundan en un ahora pendiente del cálculo y el beneficio.

Mis palabras fueron duras, poco amables. Pero fueron sinceras. A los que estuvisteis allí os conté en qué ha consistido el trayecto que en estos tres últimos años me ha hecho escribir este libro. Un camino entre el paro, los polígonos industriales y las fuerzas renuentes. Pero también lleno de amigos que te avisan de los cordones desatados, desafíos al destino de clase impuesto y confianza en que la cultura vale para algo más que para decorar las paredes de los museos.

El aplauso fue largo y mi agradecimiento a vuestra generosidad infinita.

Ahora el Trayecto es vuestro, andadlo decididamente.

Sólo os pido, como hice en mi intervención, que si os gusta, nos ayudéis a sortear a los tiburones del hermético mundo literario con vuestro apoyo.

Sois nuestra voz, nuestra mejor crítica.


(Si quieres conseguir Trayecto en noche cerrada aquí tienes muchas librerías donde poder hacerlo.)

martes, 4 de noviembre de 2014

José Gutiérrez Solana, honestidad con el ahora.

El cartel del crimen, Gutiérrez Solana, 1920
De Gutierrez Solana me inquietan los cielos, que son como un espejo de una tierra seca y baldía; las caras, a menudo indistinguibles de las máscaras, toscos títeres al vaivén de la barbarie; que a pesar de lo grueso del trazo se capta el espíritu que subyace en las escenas.

No hay regodeo en el horror, hay honradez de mirada.

Y es lo que nos falta hoy, impregnados de pánico o esperanza, no queremos que nadie nos pinte como somos; preferimos la condescendiente mirada que nos devuelve una pantalla.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Entrevista en La Diligencia


El pasado martes 28 de octubre tuve la suerte de participar en el nuevo programa cultural ded Ágora Sol Radio llamado La Diligencia.

Estuvimos durante una hora hablando de la significación del intelectual en la sociedad contemporánea, el trabajo cultural, el ocio como tiempo libre programado, los nuevos movimientos políticos, la doble hélice de lo políticamente correcto, el extremismo emocional como respuesta a la imposición ansiolítica y, cómo no, de Trayecto en noche cerrada.

Yo me lo pasé muy bien, espero que ustedes, si tienen a bien escucharlo, lo pasen mucho mejor.

La Diligencia -28 de octubre de 2014.