jueves, 10 de marzo de 2016

Artículos en La Marea



Desde el pasado septiembre tengo la fortuna de escribir semanalmente una columna para la revista La Marea en su edición digital, así como aparecer en ocasiones en su edición mensual en papel.

En estos seis meses ha dado ya tiempo a recoger una buena muestra de mi trabajo que va desde el comentario sobre actualidad política hasta la reflexión acerca de diferentes aspectos de nuestra sociedad.

Podéis acceder a todos los artículos aquí.

La Cultura que consumimos y nuestra identidad socio cultural.


El pasado 25 de febrero de 2016 tuve la suerte de ser invitado por la asociación cultural Marx Madera para hablar acerca de las relaciones entre cultura, política e identidad. Así vieron ellos el acto:

"La comparecencia de Daniel Bernabé en Marx Madera fue intensa. Un torrente de ideas claras y de argumentos aclaradores. Una utilización de la ironía sobre lo cotidiano para desvelar los mecanismos de la alienación socio cultural. Un llamamiento a la identidad de clase.

Como muestra, este fragmento, sin montaje, en bruto, de una de sus intervenciones en el coloquio que se armó tras su exposición. Los no asistentes al acto pueden consolarse: Daniel volverá, más pronto que tarde, al Marx Madera."


Cultura en lucha.

El pasado 1 de diciembre de 2015 participé en este acto sobre cultura que organizó IU-UP en Rivas. Me acompañaron la poeta Leire Olmeda y el actor Guillermo Toledo, presentó Sira Rego. Os dejo aquí mi intervención (en el canal del vídeo podéis encontrar el resto de la charla). De qué hablé? Pues en resumen de la guerra de conquista cultural que ha despojado a la clase trabajadora de su identidad.


Trayecto en el club de lectura de La Casa del Libro.



Grabación del coloquio sobre Trayecto en noche cerrada en el club de lectura de la Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, el 19 de octubre de 2015.

Pompa y Circunstancia. Radio que reta a duelo.


Hace algo más de un año comencé, junto al comodoro Bruno Galindo y su serenísima Álex Portero, una aventura radiofónica cobijada en los estudios de El Estado Mental.

¿Qué es Pompa y Circunstancia? Un programa dandy, pedante, engolado, elitista e irascible.

¿De qué trata? En nuestros 15 programas hemos tocado, entre otros temas: himnos, zoológicos, trastornos del sueño, piscinas, banquetes, el Antiguo Régimen, los pies, el misterio y un especial de Navidad.

¿Es Pompa y circunstancia un programa de humor, una iniciativa museística, una parafilia decimonónica? Es, en todo caso, una afrenta a la aburrida normalidad.

Juzguen ustedes mismos. Todos los programas, adecentados para la escucha, aquí.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Por qué voy a votar a Alberto Garzón


Una de mis películas favoritas es La soledad del corredor de fondo, basada en un cuento del escritor británico Alan Sillitoe. A grandes rasgos es la historia de un chaval de clase obrera en la Inglaterra de finales de los cincuenta, un país, un momento, donde todo lo que por siglos había parecido inmutable se empezaba a resquebrajar. Si hay algo que me impresiona en ella, o si las veces que la he visto he podido aprender algo, es que, aún teniéndolo todo en contra merece la pena dar el siguiente paso.

En este texto yo no les voy a pedir el voto para Garzón. Lo primero porque no soy nadie para decirles lo que tienen que hacer. Lo segundo porque tampoco sacralizo el voto. No les voy a engañar: creo que se ha apoderado de casi todos una visión neoliberal de la política donde lo electoral se ha convertido en algo muy parecido a ir al centro comercial de compras, una especie de paseo caprichoso donde esperamos que nos seduzcan, que nos hagan sentir importantes y necesarios. Y lo de votar no iba de esto. Votar es una herramienta y un momento, nada más. Lo que ocurre es que, a veces, es una herramienta y un momento muy importante, sobre todo cuando cerramos una etapa en que nuestra vida cotidiana se ha convertido en un campo de batalla. Si después del domingo piensan que ya está todo hecho es que quizá no han entendido del todo bien qué significa la democracia.

Por otro lado no es que crea que mi opinión respecto a qué hacer el domingo sea especialmente relevante. Lo que sí creo es que explicar cuáles son mis motivos puede ser útil frente a todos esos argumentos que, con la excusa de la campaña, deterioran aún más nuestro pensamiento político.

De hecho, para empezar, el título de este artículo forma también parte de ese deterioro del que les hablo. Yo no voy a votar a Alberto Garzón, voy a votar a una organización política y, más aún, voy a votar por unas ideas. Quiero decir, Alberto Garzón me parece un buen tipo, pero me parece aún mejor lo que defiende y, aún mejor, que lo haga organizadamente junto a otras personas que piensan parecido a él. Esto, lo de votar, o lo de organizarse políticamente, no implica un acuerdo matrimonial ni exige un reflejo puro de quiénes somos (o creemos ser) sino entender la utilidad de lo común, de que tus necesidades, intereses y problemas son compartidos, al igual que sus respuestas, por otra mucha gente, sobre todo en un mundo donde unos pocos acumulan tal capacidad de imponer sus decisiones. Por eso, cuando a veces les veo exagerar los detalles que no les gustan, percibo más una individualidad narcisista que una visión lógica del asunto. A los que no tenemos nada nos sale muy caro jugar a sibaritas de lo político.

Yo aquí no les voy a hablar del programa de IU-UP, les entiendo lo suficientemente capaces para haberlo buscado. Además, insisto, me parece hasta insultante que esto de votar se plantee como, pongamos, la compra de un coche, donde después de seleccionar varios modelos vamos comparando en unas tablitas las características de cada uno. Igual que con algunos fabricantes de coches les debería resultar obvio, después de estos cuatro años, que algunos programas no son más que la treta publicitaria para ocultar lo que algunos partidos son. Para mí es más útil hacer el ejercicio de ver qué ha pasado en esta última legislatura, de comprobar, con los hechos, dónde y con quién ha estado cada uno. Y aquí, Alberto Garzón, el tipo que se atrevió a decirle a Mario Draghi lo que era, esto es, un secuaz de los poderes económicos, tiene todas las de ganar.

Porque estos últimos cuatro años no han sido sólo un festival de sacrificios y recortes donde la clase trabajadora ha pagado todos los platos rotos de la codicia de los de arriba, ha sido, sobre todo, la constatación de que la democracia, tal y como está planteada, es una cuestión secundaria, un trámite procedimental incompatible con los privilegios y necesidades del sistema económico capitalista. Y ahí, Garzón, ha sido implacable, denunciando las tropelías concretas, explicando la situación general y planteando alternativas inmediatas y viables.

Y ese es el principal valor de Alberto Garzón y el proyecto que defiende. En un mundo donde incluso parte de la izquierda lo cede todo a la estrategia, él lo hace a la pedagogía. Vivimos un momento muy extraño donde la táctica se ha mitificado de tal forma que se pretende que, incluso, pueda sustituir a la ideología (convirtiéndose, paradójicamente, en una ideología en sí misma). Donde se plantea una falsa dicotomía entre fondo y forma, haciéndonos creer que es imposible decir lo que piensas y hacerte entender. El problema, y no es la primera vez que ocurre, es que al final acabamos actuando como hablamos, y lo que en principio era tan sólo una táctica, una forma de llegar, acaba dando forma a lo que pensamos, sustituyendo al pensamiento original por una copia demasiado cercana a lo establecido, es decir, a lo que el poder espera de nosotros.

Además, minusvalorar la capacidad de la gente (aún de una forma paternalista) lo único a lo que te llevar es a crear unas barreras artificiales. Si queremos que alguien consiga algo no parece la mejor forma de lograrlo pensar de antemano que no está preparado para ello. La gente de este país ha demostrado de largo estos últimos años que está dispuesta a luchar, llenando calles y plazas cada vez que ha hecho falta. Y tras este bagaje es muy triste escuchar a la gente, hablando de sí mismos en tercera persona, imaginando su propia incapacidad. Hablar claro, incluso decir lo que no gusta, no es un signo de arrogancia, es un acto de respeto.

Esto no es una cuestión de pureza, es una cuestión de generosidad. Otras formas de hacer política garantizan votantes, pero no dejar algo en el proceso de buscarlos, es decir, parecen preocuparse únicamente de un momento inmediato, rompiendo categorías de entender la realidad y explicarla que, por ejemplo, nos hacen falta para caracterizar a Ciudadanos, un partido comprometido con el orden existente, pero percibido, gracias a la mentira de la posibilidad de la no ideología y la gestión neutra, como óptimo para el momento actual. Que Garzón opte por la vía de la confrontación ideológica, es decir, contraponer ideas y no espectáculos, es generosidad porque el resultado no busca votantes en sí mismos, sino ciudadanos conscientes de quiénes son y cuáles son sus intereses propios y comunes.

Cuánto hubiéramos disfrutado, y qué útil hubiera resultado para todos, el que hubiera sido el debate de esta campaña, el de Garzón contra Rivera.

Obviamente voy a votar a Garzón y IU-UP porque soy una persona de izquierdas, pero sobre todo lo voy a hacer porque creo que es necesario que en la política parlamentaria (sé que en la calle estarán siempre) haya alguien no sólo que defienda los intereses de los de abajo, de las trabajadoras, de los que por desgracia en nuestra vida sólo encontramos un camino de incertidumbres, sino una forma diferente de entender y enfrentarse a la realidad. Una forma que defienda no sólo unos principios, sino la corresponsabilidad de cada uno en su consecución. Yo, qué quieren que les diga, soy de los que creo que no necesitamos salvadores ni mesías, sino el coraje, la fuerza y la inteligencia para ser nosotros mismos quienes alteremos este injusto orden de cosas, yo soy de los que me siento respetado cuando alguien me trata así.

No se trata de quedarse solos, es que solos ya estamos. Solos nos quieren, solos frente a la implacable virulencia del egoísmo. De lo que se trata es que esa soledad pase a ser una comunidad lúcida, para empezar, con su propia existencia.

Empecé hablando de La soledad del corredor de fondo, de la necesidad, de que aunque todo se alie en tu contra, dar el siguiente paso adelante. Hay algo más, algo que no les desvelaré y que sucede al final de la historia, algo imprevisto y jodidamente glorioso. Algo que nos viene a decir que no debemos hacer lo que se espera de nosotros, cuando quien lo espera no es nuestro amigo, no es como nosotros.

Porque cuando todo, todo aquello que está en alianza para que parezca que todo cambia pero para que nada cambie, te indica, te sugiere, te arrastra a no votar a Garzón algo nos debería indicar que hay que seguir el camino contrario.

Justo el momento para mostrar tu independencia, para mirarles de frente y hacerles notar que contigo no van a poder. Justo el instante de plantarte y golpear al hecho consumado. Justo la ocasión para hacer lo que no esperan de nosotros. Justo la oportunidad que llevábamos tanto tiempo esperando de decirles quiénes somos: esa gente orgullosa, a pesar de todas sus derrotas, que esta vez ya sólo piensa en ganar.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Fiesta del PCE 2015. Cultura de Asalto.

la Chinoise, Godard, 1967
Si pensamos en la relación entre cultura y política, por desgracia, lo primero que suele venir a nuestra cabeza es un grupo de artistas convencionales apoyando con alguna canción de dudoso gusto a un partido más convencional aún. Una manifestación de la concepción de la mercantilización, tanto de la cultura como de la política, propia de una época donde sólo cuenta la inmediatez y lo espectacular.

Pero no siempre ha sido así ni siempre tiene que serlo. En el acto “Cultura de Asalto” que se celebrará en la Fiesta del PCE 2015 (Sábado 19 de 12 a 13:30 en la carpa por la unidad popular Jaime Ballesteros) pretendemos adentrarnos en los vínculos entre cultura y acción política desde una óptica marxista.

A modo de adelanto planteamos aquí algunas de las cuestiones, muchas de ellas tratadas de forma superficial y con cierta dejadez, ya que eso llamado la cultura se suele considerar -incluso desde las posiciones políticas más avanzadas- como parte tan sólo del esparcimiento o en el mejor de los casos un complemento “agradable” a las tareas militantes.

La cultura, nunca se nos debería olvidar, es aquello que hace a nuestro mundo comprensible, la que nos explica como personas y la que ha puesto palabras, imágenes o notas a los sentimientos de rebelión a lo largo de la historia. Pero la cultura también es lo que mantiene el orden establecido antes incluso que las porras y los tanques.

Convendría analizar a la figura del trabajador cultural, esa útil idea que define al creador más allá del enfoque individual, aislado y producto de un alma genial y lo lleva a ser partícipe de un momento y un lugar, siempre en relación dialéctica con su entorno socieconómico.

Qué ha sido de las trabajadoras culturales en un mundo donde los derechos de autor han sido hechos añicos por las nuevas formas de distribución de contenidos ¿Era por contra la pasada configuración industrial óptima para su profesionalización y el desarrollo de mensajes críticos?¿La justificación de la cultura como un fin en sí mismo es justificación también de condiciones laborales pésimas?

Por otro lado, en un entorno donde los creadores tienen muy difícil su profesionalización ¿Quién nos acabará narrando, quién cantará de nosotros en los tiempos oscuros?

Y qué es la Cultura de Asalto, cómo intervenir políticamente en una sociedad que rechaza por sistema los mensajes más nítidamente politizados ¿Sirve o debe servir la cultura para eso?¿Es el artista comprometido necesario, o tan sólo una trampa para reducir al gueto los mensajes espinosos para lo existente?¿Son necesarias las tácticas de significantes vacíos con una acción cultural audaz?

Lo que parece, de momento, es que no se crea hegemonía repitiendo la palabra hegemonía.

Trataremos estas y otras muchas cuestiones, para ello contaremos con:


Daniel Bernabé, escritor.
Eva Fernández, escritora.
Toni Esteban, periodista, bibliotecario
Jorge Diezma, pintor y editor de la revista cultural El Burro.